Cd. de México.-
China es uno de los países más grandes del mundo y también el más poblado. Se estima que tiene una densidad de población media de 145 habitantes por kilómetro cuadrado. Pero no solo destaca por su tamaño y población. Se caracteriza también por ser un país muy diverso donde la tradición y la modernidad conviven en una mezcla continua. De hecho, dentro del territorio chino confluyen más de medio centenar de grupos étnicos, cada uno con su propia lengua y costumbres.
Es, además, un país muy diferente si lo comparamos con Occidente. A simple vista parecen dos polos opuestos pero, si nos fijamos bien, lo cierto es que ambos se atraen y, además, desde hace miles de años. Podemos decir, incluso, que Occidente no se entendería sin la civilización china y sin el legado histórico que nos ha ido trasmitiendo. De hecho, a los chinos les debemos grandes inventos como la brújula, la pólvora, el papel y la imprenta, todos claves para nuestra evolución. Y también gracias a ellos descubrimos productos como el té, los cítricos y la porcelana, integrados plenamente en nuestra cultura.
La influencia China en Occidente
Está demostrado, por tanto, que la influencia de China en Occidente es casi tan antigua como nuestra existencia, si bien es cierto que ahora el papel que está ejerciendo el país oriental en el mundo occidental ha cambiado. Aunque mantienen la distancia, avanzan cada vez más. Y el cambio, según los expertos, se desencadenó con la crisis. En chino el término “crisis” se entiende como una oportunidad. Y es precisamente lo que han hecho, aprovechar la recesión en Occidente para entrar con fuerza en los mercados.
¿Cómo lo han conseguido? Obviamente, detrás del éxito chino está su cultura. Basta con observar a los empresarios chinos para darse cuenta de que sus prioridades son diferentes a las nuestras. Son unos trabajadores incansables, competitivos al máximo, ambiciosos, con objetivos claros y gran capacidad de sacrificio y de esfuerzo. Hay quienes aseguran que la receta de los negocios chinos es tan simple como eficaz: trabajar mucho y ahorrar. Y lo cierto es que esta premisa siempre se cumple en los innumerables comercios chinos que encontramos en cualquiera de nuestros barrios.
Inversiones
Si nos fijamos en la macroeconomía, la estrategia china es similar. Van a por todas. Sus inversiones y adquisiciones van en todas direcciones, diferentes sectores, cantidades y países. Compran deuda soberana, tecnología o empresas en quiebra. Cualquier activo en el que vean una mínima oportunidad. Obviamente influye el hecho de que sus reservas financieras son extraordinarias, por lo que pueden permitirse algunas malas jugadas. Y también hay que admitir que los gobiernos tratan de acomodar a China creando un entorno inversor agradable. Reino Unido, España o Canadá, por ejemplo, ya han desarrollado reformas legislativas en este sentido, pese a que en China las empresas occidentales no encuentran tantas facilidades a la hora de instalarse e impulsar sus negocios.
La sociedad china
Pero más allá de los mercados, la conquista de los chinos también se nota a nivel social. En países como España ya hay población china de segunda generación, europeos de raíces asiáticas que mantienen las costumbres de sus padres y abuelos. Y un ejemplo lo encontramos en el Año Nuevo Chino, que esta vez será en febrero. Una fiesta que se celebra en todo el país, especialmente en ciudades como Barcelona.
También mantienen y nos contagian su afición por ciertos juegos tradicionales. Los chinos destacan por su habilidad en la mayoría de juegos de tablero, como el ajedrez o el dominó en sus versiones chinas. Y son grandes aficionados a jugar al Wéiqí, al Mahjong y al Tangram. Puede que encontrar estos últimos nos sea un poco complicado, pero hay otro juego que está causando furor. Se trata del póker chino, una variante del cada vez más popular juego de cartas. Se juega con puntos en lugar de con apuestas y no para de ganar adeptos.
La conquista del póker chino en los tapetes verdes es solo un ejemplo de que la cultura china ha comenzado a integrarse en todos los ámbitos de la sociedad occidental y no solo en los mercados. Napoleón dijo una vez: “China es un gigante dormido; cuando despierte, temblará el mundo”. Parece que el gigante ya se ha despertado.



