Monterrey, N.L.-
La escritora tamaulipeca Cristina Rivera Garza, recibió el Premio Nuevo León Alfonso Reyes 2021 hoy por la tarde ante autoridades universitarias, representantes de instituciones del gobierno del estado y miembros de la comunidad intelectual de la localidad.
La autora de “El invencible verano de Liliana” se mostró visiblemente emocionada al recibir el galardón que dedicó a su hermana Liliana Rivera, quien fue víctima de feminicidio en 1990; recordó a la escritora Patricia Laurent Kullick, recientemente fallecida y reconoció a otras escritoras del norte del país, en su discurso de agradecimiento que dividió en dos partes.
La ceremonia de premiación se realizó en el Patio Antigua Tesorería del Palacio de Gobierno y estuvo encabezada por la Secretaria de Cultura de Nuevo León, Melissa Segura, en representación del Gobernador Samuel García; la presidenta de Conarte, Verónica González Casas; así como los rectores: Santos Guzmán López, de la Universidad Autónoma de Nuevo León y Ángel Casán Marcos, de la Universidad Regiomontana.
En representación del rector de la Udem, Mario Páez González, estuvo presente el vicerrector de Educación Superior de la Institución, Carlos García; y la decana nacional de la Escuela de Humanidades y Educación, Judith Ruíz Godoy, en representación de Juan Pablo Murra, rector de Profesional y Posgrado del Tecnológico de Monterrey.
En la primera parte de su mensaje, Rivera Garza dedicó este reconocimiento a campesinos que del sur de México y los trabajadores con experiencia en la pista procedentes del sur de los Estados Unidos, que laboraron la producción de algodón en la zona de “Estación Camarón” que el escritor José Revueltas describió como“recíos y tosudos” en su novela “El luto humano”.
“Quiero dedicar este premio Nuevo León Alfonso Reyes 2021 a esos migrantes que lo arriesgaron todo en esa punta de la punta de Nuevo León, para poder ofrecer una vida mejor a sus hijos y a sus nietos.
“Como lo he contado en Autobiografía del Algodón, tanto mis abuelos paternos, José María Doñez y Petra Peña, como mis abuelos maternos, Emilia Bermea Arizpe y Cristino Garza Peña, anduvieron por Estación Camarón; los primeros después de pasar años de trabajos brutales en las minas de carbón del norte de Coahuila, y los segundos, cuando fueron expulsados, deportados,de los Estados Unidos luego de vivir casi una vida entera como trabajadores agrícolas, en el sur de Texas.
“Estación Camarón los acogió y les dio alas, ahí empezaron a creer por primera vez en generaciones enteras, que podían llegar a ser dueños de un pedazo de tierra, asentarse, echar raíces, pertenecer”, manifestó.
Mencionó que no tiene evidencia que José Revueltas tuvo contacto con sus antepasados, pero que como novelista pudo imaginar que los rostros y las voces de sus abuelos llegaron a los ojos y a los oídos del autor mexicano y que de esa forma pudieron haber sido inmortalizados en “El luto humano”.
“¿Cómo escribir esa realidad que incluye el drama del desierto y el drama de la explotación? ¿De qué manera organizar los vocablos, los signos de puntuación, los párrafos o los versos para que quepan ahí, los hombres y las mujeres pobres que organizados se enfrentaron al estado y la usura del capital.
“Y las parcelas de algodón bordeadas por drenes, y los tractores de ruidos casi militares y las piedras que nunca pierden su voluntad de seguir en el camino. Ese es un reto que enfrenta entero la novela con la que conversa muy de cerca en el tono bajo del secreto a voces Autobiografía del algodón”, expresó la catedrática en el Colegio de Artes Liberales y Ciencias Sociales de la Universidad de Houston, Texas.
Destacó que los libros cuando terminan su trayecto construyen una comunidad a su alrededor.
“Cuando platicamos de un libro, cuando lo invocamos como hoy al `El luto humano´, y lo hermanamos a su modo con la obra de Alfonso Reyes, y el trabajo de muchos hombres y muchas mujeres anónimos que construyeron este suelo que pisamos hoy, estamos contribuyendo a la producción de un presente, el presente crítico que Revueltas avizoró aquellos días radiantes entre huelguistas con ayuda de Úrsulo, Cecilia, Chonita, Adán y Natividad , personajes centrales de la novela”, apuntó.
Posteriormente, Rivera Garza procedió a leer la segunda parte de su discurso que fue más emotivo, porque dedicó el premio a su hermana Liliana Rivera Garza, víctima de feminicidio el 16 de julio de 1990, y también hizo una mención especial a la escritora Patricia Laurent Kullick, quien falleció el 2 de noviembre de este año, y finalmente reconoció el trabajo de otras novelistas del norte del país.
“Patricia Laurent Kullick era singular, pero no estaba sola; formaba parte de un nutrido grupo de escritoras que polifacéticas, brillantes y trabajadoras, se han encargado de auscultar a Monterrey, de producir a Monterrey, de subvertir a Monterrey en las últimas décadas”.
Fueron incluidas en su lista: Gabriela Riveros, María de Alva Levy, Minerva Reynosa, Criseida Santos-Guevara, Mónica Castellanos, Orfa Alarcón, Lorena Sanmillán, Ofelia Pérez Sepúlveda, Ingrid Bringas, Sofía Segovia, Norma Yamillé Cuéllar y Lorea Canales.
“Seguramente se me pasan muchas, porque son tantas y son muy distintas, y su labor es increíblemente importante, que pronto no tendremos más remedio que decir que hemos dejado a Monterrey atrás y llegado, por fin, a Monterreyna”,enfatizó Cristina Rivera Garza.


