La primera aceptación del Pacto con México, firmada por los tres principales partidos políticos mexicanos, es aquella que reconoce que México es una sociedad plural, o lo que es lo mismo, los miembros del gabinete y del gabinete ampliado, ya saben que no todos los que habitan este país, piensan igual que ellos ni están de acuerdo con todo lo que dicen y hacen.
La segunda, es el singular reconocimiento, sobre que el gobierno no puede sólo con la enorme tarea de sacar al país adelante.
La tercera, es la que acepta que los segmentos de la población que han engrosado las filas del crimen organizado, lo han hecho por que observan que la riqueza nacional está concentrada en muy pocas manos y que esto contribuye a establecer una sociedad muy desigual.
La iniciativa de firmar un Pacto, con P mayúscula, con las principales fuerzas políticas, no sólo es buena, sino que merece el aplauso de todos. Es sencillo entender que el tiempo pasa y que mientras otros países avanzan y se desarrollan, el nuestro no sólo se atrasa, sino que retrocede a niveles de pobreza ya superados.
Más allá de ser un quehacer de los partidos políticos legalmente constituidos, se necesita la voluntad de quienes vivimos en México para llegar a los objetivos que nos proponemos.
Sólo que el problema se sustenta en que ya hay muchos “Méxicos”.
Dentro de esos “Méxicos”, hay un reducido segmento que vive en la opulencia y no sólo no batalla para vivir, sino que goza de los privilegios y excedentes que la ley permite para concentrar la riqueza. A estas alturas, es justo reconocer que es producto de la sobre-explotación del trabajador y por los malos salarios que la clase empresarial paga a sus trabajadores.
Hay el México de la Clase Media. Esa enorme fracción de población que se esfuerza día a día por no descender de nivel socioeconómico y que por el contrario, corta y recorta el gasto, le baja al nivel calórico de la ingesta alimentaria y deja de consumir artículos de marca con tal de continuar viviendo en la pasadera comodidad que un módico salario le permite.
Luego viene el México de las carencias. Esa porción de gente que no ha sido beneficiada con el progreso. Son quienes se han quedado atrás y visto pasar las oportunidades porque no se pusieron al corriente con las exigencias del mundo globalizado. Ese mundo que demanda más y mejor educación, mejores ideas, mejores prendas para asistir al trabajo. Es esa parte del México que debería provocar pena a quienes han tenido en sus riendas la conducción de esta gran nación.
El último México, es el de la marginación e indigencia. Es el de la pobreza extrema y que ya se reconoce rebasa al 50 por ciento de la población. Es el de la mala alimentación y del empleo informal.
Quienes no tienen prestaciones de ley, que viven entre el cochambre por la falta de servicios públicos primarios en las proximidades de sus viviendas. Es el México con el que los otros “Méxicos” tienen deuda y que los gobiernos han sido incapaces de asistir y apoyar.
La decisión de firmar el Pacto con México, es un grito de auxilio, pero también que llama a la colaboración.
Hoy, como nunca, la voluntad política, social y humana de los principales actores de México, es vital, requerida y apreciada.
Y va más allá, porque también se requiere que los miembros del primer México, cedan, participen y compartan las utilidades que generan sus empresas y que comprendan que la época de atesorar, lucir el dinero y gozar de las canonjías que la ley permite, debe administrarse, para que el último de los “México”, no se torne en un problema permanente para la misma gente, para si mismos y para el Estado.
El Pacto con México, es una serie de buenos conceptos y mejores intenciones escritas son sencillez, claridad y con la simplicidad requerida para que todos lo entiendan.
Pero el Pacto no va a generar buenos resultados, sin la participación de quienes generan o influyen en la toma de decisiones de este país.
Todos los integrantes del México plural señalado en el escrito Pacto con México, desde los miembros del magisterio, de Morena, del PRD, del PAN, del PT, PMC, PVEM, empresarios, jóvenes, mujeres, deben estar a favor del Pacto y a favor de México.
Ahora el problema es que se le ocurrió al PRI idearlo, redactarlo y convocar a la sociedad mexicana a sumarse al Pacto con México.
Esa es la gran complejidad en que entró la iniciativa, porque desgraciadamente, sobrarán las voces discordantes, esas que están en contra de todo y a favor de nada, esas que se oponen en automático, al bote pronto y sin sentido a todo lo que proponga su oposición, con tal de que sus adversarios no avancen en lo político o para arrebatarles un pedazo del pastel que suponen se está repartiendo.
Ya nadie duda que estamos inmersos en el despertar de ese México Bronco que vaticinó el ilustre veracruzano Jesús Reyes Heroles en la era del presidente José López Portillo. Es triste reconocerlo, pero en aquellos tiempos nadie pensó que ese otro México despertaría y que traería aparejada la violencia.
Y bien, el México Bronco ya está aquí, habita entre nosotros y ya es parte de nuestra cotidianidad.
El Pacto con México es una idea, una propuesta y una excelente alternativa para que vuelva a dormir.
Ya depende de todos.

