La mente se resiste a reflexionar sobre temas sórdidos y a aspirar el tufo de la pestilencia. No quiere uno escribir de lo negativo habiendo tantos asuntos positivos y acciones tan edificantes de muchos seres humanos. Pero los políticos –siempre los políticos– ofrecen a diario materia de corrupción que obliga a hacer un análisis con el fin de que los jóvenes, principalmente, no sigan estos malos ejemplos en su vida cotidiana y menos si algún día alcanzan un puesto público.
La corrupción no deja de ser una enseñanza. Primero para no pisar el mismo pantano y seguir idéntico camino de los malos actores políticos, y segundo para aprender a condenar aquello que ha hundido a México en el desprestigio y en la ineficiencia por tanto saqueo de los erarios y el desfalco a las finanzas en uno y otro extremo del territorio nacional.
La corrupción es de lo más negativo en toda sociedad, pero hay que encontrarle su lado positivo para exhibirla sin inhibiciones a fin de que sea el espejo en el que no se quieren reflejar las buenas conciencias. Finalmente si hay quien la ve como “modelo” de conducta para enriquecerse fácilmente, es su propia decisión. El camino de la propia vida lo traza cada uno desde el fondo de su espíritu y en la corteza de su cerebro.
Por eso hoy señalaremos el escándalo que está viviendo el Distrito Federal al descubrirse mayúsculos fraudes en algunas delegaciones de parte de los anteriores jefes que estuvieron en el cargo durante los tres últimos años. Pero también hay mucha tela de donde cortar en otros sitios del país, de lo cual daremos cuenta en unas pocas líneas.
Por lo pronto destacan las irregularidades que dejó el ex delegado de la Miguel Hidalgo y actual diputado del PRD en la Asamblea Legislativa del DF, Víctor Hugo Romo. No cuadran los números que dejó y hay un hoyo de 46.2 millones de pesos durante su gestión.
Las anomalías se concentran en cinco obras en las que se utilizaron fondos federales, según auditorías de la Secretaría de la Función Pública (SEP), pues se detectó que infló en más de mil por ciento la superficie de excavación en la construcción del nuevo edificio delegacional, y pagó en exceso por ese concepto el equivalente a 24.3 millones de pesos, que es la totalidad del presupuesto ejercido en el 2014. Por eso, se baja el cero y no contiene.
Y, para colmo, la obra está aún en cimentación y Víctor Hugo Romo se la asignó a una empresa del alcalde perredista de Zitácuaro, MIchoacán, Carlos Herrera Tello, con miras a que presuntamente apoyara la campaña a gobernador de Michoacán del candidato triunfante del PRD Silvano Aureoles. Eso significa que no solamente en el PRI apesta feo a corrupción. En todos los partidos políticos hay gente de lo peor.
De ahí que no es de extrañar que Romo haya pagado 6.8 millones de pesos por un corredor cultural que jamás se realizó. Es común en muchos gobiernos valerse de empresas “fantasmas” para expedir cheques millonarios que a fin de cuentas van a dar a los bolsillos de quienes los expiden y sus testaferros o prestanombres, como ocurrió en los municipios de Guadalupe y Juárez en la zona conurbada de Monterrey, sin que a los alcaldes firmantes de tales cheques les haya pasado nada.
También en el valle de San Quintín, en Baja California, abundan las empresas en las que laboran más de mil jornaleros que carecen de registro ante el IMSS y la Secretaría del Trabajo para evadir el pago justo a quienes trabajan la tierra y recolectan frutas y verduras, o para aprovecharse de la lenidad de las autoridades y mantener en acoso o abuso sexual a varias mujeres con urgente necesidad de empleo.
Dondequiera se cuecen habas. Como en Nuevo León, donde el nuevo gobierno independiente encontró cuentas mochas y despilfarro a más no poder, al grado de no cesar la demanda ciudadana para que el anterior ejecutivo estatal, el priísta Rodrigo Medina de la Cruz vaya a parar a la cárcel, antes de que se esconda en McAllen, Texas o un amigo lo proteja con un cargo federal bajo las faldas de Peña Nieto, así como ocurrió con Arturo Escobar, del Partido Verde.
Y no podemos omitir el hecho de que muchos gobernadores y alcaldes, al terminar su periodo, se van con la hebra dejando colgados a cientos de proveedores que sufren después para que les paguen las deudas as las administraciones entrantes. Todo porque se trata de políticos corruptos amparados bajo las alas de la impunidad.
Por eso las encuestas afirman que la percepción de la gente es que ha aumentado en un 60 por ciento la corrupción en los últimos tres años. Y ni el mismo señor Presidente Enrique Peña Nieto se escapa de recibir el índice de fuego de los ciudadanos, igual que algunos miembros de su gabinete. Lo cual nos lleva a insistir en que la corrupción marcha a todo galope.

