Yo soy partidario de que las protestas ciudadanas y las manifestaciones callejeras no afecten a tantos inocentes que sufren los bloqueos y no pueden llegar a tiempo a su trabajo, a su hogar, a la escuela o a una emergencia; por lo tanto sugiero que los protagonistas de las marchas vayan a interrumpir el tráfico y a estorbar en las casas de los funcionarios públicos a quienes desean hacer llegar su enojo por no atender sus demandas.
No tienen por qué llevarla justos por pecadores. Y si se procede de esta manera los afectados serían quienes viven cerca de dichos funcionarios de tal manera que tienen mejor oportunidad de dialogar con esos “vecinos incómodos” para que resuelvan los problemas que los manifestantes les están haciendo ver en sus narices.
Pues con mucha mayor razón pienso que deben comportarse los terroristas que gozan con los baños de sangre de tantos inocentes en las grandes urbes, como ocurrió el pasado fin de semana en París. ¿Qué culpa tenían de la “guerra santa” de esos fanáticos musulmanes los que salieron esa noche en la ciudad luz a cenar a un restaurante o a divertirse en el estadio de futbol soccer y en una sala de conciertos o simplemente a andar por la calle?
Se trata, inclusive, de muchos turistas muertos, heridos o sobresaltados y que quizá ni entiendan las razones profundas de esos desalmados que sembraron el terror con sus fusiles de alto poder y lanzaron el aullido de “Alá es grande” para aplicar la Ley del Talión que dizque les dicta su Corán contra quien suponen mató a uno de sus líderes en Siria y colabora internacionalmente con sus enemigos en zona bélica también en Irak o en otras partes de Medio Oriente.
¿Qué culpa tenían de caer bajo el radicalismo religioso los que estaban tan lejos de esas tierras en conflicto, igual que quienes perdieron la vida al ser derribado un avión con matrícula rusa en el Sinaí, en Egipto? ¿Por qué tienen que pagarla sin deberla los que cayeron abatidos en Ankara y otros miles que fueron atacados en un centro comercial en Kenia? Y si nos remontamos a septiembre de 2001, también habría que preguntarse ¿qué ganaron al derribar las torres gemelas de Nueva York y sacrificar a casi un millar de inocentes?
Los líderes y gobernantes, después de todo, están bien resguardados de esos ataques terroristas. Y ya vimos cómo el presidente de Francia, Francois Hollande, fue protegido inmediatamente en el estadio y llevado en helicóptero a un lugar seguro, mientras la multitud quedaba a su suerte en las gradas, la cancha y los alrededores del inmueble donde un loco se hizo estallar con explosivos afuera, al no lograr entrar con su carga mortífera.
Pero el tema también da para acallar algunas críticas injustas contra el Islam, que supuestamente impulsa el accionar de estos locos seguidores de Mahoma.
Definitivamente esta religión nada tiene que ver con esos actos de barbarie e inclusive verdaderos musulmanes por convicción reprueban estas conductas de fundamentalistas que se valen de una mala interpretación de su libro sagrado para declarar “guerras santas” aquí y allá en busca de acabar con los infieles, es decir, con aquellos que no adoran a Alá y, más todavía, para desaparecer a América que engloba principalmente a Estados Unidos porque aquí es la tierra del demonio pervertidor de la moral pública.
Pero estos luchadores que reclutan igualmente a norteamericanos y europeos conversos al Islam, también tienen un propósito político en su lavado de cerebro a quienes creen en sus consignas: la conquista de
territorios en el corazón del Máshrek (Egipto, Palestina, Jordania, Líbano, Siria, Arabia Saudita, Yemen, Irak, Qatar, Bahréin, Omán, Kuwait y Emiratos Árabes Unidos) para expandirse al Magreb (Marruecos, Túnez, Argelia, Mauritania, Sahara Occidente y Libia) y luego a toda la costa europea del Mediterráneo.
Sin embargo, ése es un plan a largo plazo. Por ahora estos atentados y baños de sangre no son para conquistar Francia, ni siquiera irrumpir en Europa. No. Nada de eso: son aplicación de la ley del talión del que habla el Corán (ojo por ojo y diente por diente); una vendetta para cobrar los ataques de tropas francesas a Siria, en la región dominada por el Estado Islámico.
Forman parte de la amenaza de vengarse de lo que sus enemigos les hacen en esta guerra aceptada como tal por Francois Hollande. Pero, insisto, ¿qué culpa tienen los inocentes? ¿Por qué tienen que ser víctimas directas tantas personas que sólo quieren seguir gozando la vida y probabalmente ni siquiera apoyan las políticas de sus propios gobiernos? No hay que ser…

