La reactivación económica a la brava que aplicó el municipio de Monterrey exhibió también la incompetencia del estado en el manejo de esta epidemia, y complica todavía más la situación. Tiene qué ver con el caos generado por el estado al intentar imponer sus propias decisiones sobre las del gobierno federal.
Al ciudadano gobernador (que no gobernador ciudadano) parece que le urgía proyectarse como un líder social indiscutible dentro del bloque de gobernadores “separatistas”.
La mejor presea que podía mostrar entre sus homólogos (bien homolodontes, por cierto), es erigirse en vencedor del Covid 19 en Nuevo León, redentor de los ciudadanos y de la economía estatal. Pero la teoría de empezar antes para terminar primero no parece estar funcionando. Y era más que obvio, porque el SARS Cov 2 es chino, y no creo que entienda lo que dicen los letreritos en las fronteras interestatales: “Aquí empieza el estado de…”
Si desde antes yo sospechaba de la capacidad estatal, despejé toda duda con la imposición de los horarios del transporte. Tan poco meditada fue, que hubo que hacer correcciones sobre la marcha. Y tan soberbia es la actitud oficial, que se mantiene pese a que, a falta de sentido común, se le mostró con cifras, las propias cifras “orgullosamente” estatales, cómo facilita el incremento en los contagios. Era evidente que, aunque existieran menos personas que necesitaran desplazarse, también se necesitaban más unidades para disminuir los riesgos de la proximidad. Aunque don Noé Chávez insista que todas las unidades están circulando (excepto las quemadas en sus patios), a diario se ve que los empresarios transportistas no están dispuestos a sacrificar el cincuenta por ciento de la capacidad de pasajeros (sentados). Con esto se demostró que la estrategia estatal parece estar parchada con experiencias extranjeras aplicadas usando uno de los instrumentos científicos más avanzados: el tanteómetro.
En estas andábamos cuando se informa sobre el fin de la Jornada Nacional de Sana Distancia, a nivel nacional, y se anuncia el retorno a las actividades en una “nueva normalidad”. Para entonces, ya los municipios andaban alborotados y al municipio de Monterrey, previa consulta con empresarios y comerciantes, le valió sorbete el decreto federal, los tiempos y las condiciones anunciados nacionalmente. El resultado de esta desastrosa decisión era de esperarse. “Reactivar” actividades comerciales sin precisiones en la operación ni ajustes a la movilidad no podía causar otra cosa que la movilización masiva de ciudadanos, y seguro que muchos de ellos ni siquiera eran vecinos de Monterrey (lo que excusa, otra vez, al alcalde regio para asumir las cifras de contagios). Todo esto, muy sospechosamente, ¡en plena quincena!
A pesar de que el estado pretende ser independiente hasta en la lucha contra la epidemia, no puede estar de acuerdo con una “reactivación” tan desastrosa. Sale exhibido porque sus “otros datos” no mejoran, sino al contrario, empeoran notablemente. Por eso apela ahora a la “letra chiquita” del proyecto nacional de reactivación para, esta vez, amenazar con medidas más severas contra la apertura de comercios y empresas no esenciales. La precipitación al imponer medidas, el hacinamiento en los camiones, el poco cuidado en la vigilancia y coordinación con empresas y comercios (falsa amenaza de Ley Seca, día del Niño y de la Madre), la falta de atención especial anticipada y específica en asilos de ancianos, todo está pasando la factura. Una factura que políticamente podrá asumir el Gobernador, pero que los ciudadanos tendremos que pagar final y tal vez fatalmente.
Pero las medidas “severas” (policiacas), en cualquier país del mundo, significan dos cosas: la falta de confianza de los ciudadanos en su gobierno, y la falta de capacidad de ese gobierno para gobernar. Aplicarlas contra empresas y comercios es, como con los camiones, corregir otro error sobre la marcha. ¿No sabían dónde están? No es difícil zonificar en dónde hay empresas y comercios no esenciales operando.
Basta con revisar hacia dónde hay mayor fujo de usuarios del transporte y comparar con la base de empresas esenciales que operan en esa zona. Lo demás es cosa de movilizar a inspectores.
Pero si esas medidas “severas” (policiacas) se extienden a la población, yo no apostaría por el futuro político del Gobernador y de algunos alcaldes. Porque no sólo les van a acarrear mucha impopularidad, también significará que ni representan a los ciudadanos ni saben gobernar.
Y dejen de quejarse de que los ciudadanos relajan medidas. No son ellos la causa sino el efecto. Porque así como sin pastores no hay rebaño, sin líderes no hay sociedad organizada. Y por lo visto la estrategia estatal contra la epidemia se sustenta en jefes que ordenan, no en líderes que orienten y convenzan. Una estrategia estatal muy bien artillada con el mismísimo parque que revienta la proverbial “carabina de Ambrosio”.


