La lección de Coahuila

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Henry-Louis Mencken dijo que la democracia es una creencia patética en la sabiduría colectiva de la ignorancia individual. Creo que el periodista no tuvo la satisfacción de demostrar lo incuestionable de su afirmación contrastándola con el resultado de unas elecciones en México. Las recientes muestras de esta verdad son las elecciones (lecciones) en Hidalgo y Coahuila. Pero hay elementos que también hay que considerar, porque las elecciones mexicanas son algo más que un censo de la sabia ignorancia de electorado, que incluiría el voto nulo y el abstencionismo. Creo que hay además una nostalgia por las viejas películas de charros/vaqueros, y la escena inevitable de un juego de cartas en una cantina. Los vaqueros gringos tienen su póquer; los bravíos héroes nacionales, además de tener buena voz y caballos estereofónicos, juegan albures. Los electores tal vez no llegan en cuaco y bien entonados a votar, pero sí acaban frente a una boleta en donde eligen al azar, más por tanteos o centaveos que por convicciones. Meses después se enterarán si eligieron as, rey, caballo o sota; aunque normalmente, 10 minutos después de salir de la casilla, tienen la certeza de que no ganaron la apuesta. Horas más tarde lo reafirman, cuando los partidos festejan. En efecto, ellos, los partidos, son los únicos ganadores.

Del estado de Hidalgo no sé demasiado, más allá de los pastes, los mixiotes, y los molotitos. De Coahuila tampoco, pero por la cercanía, algo he escuchado en medios o referido directamente por coahuilenses avecindados en Nuevo León. Ya se han lamentado agriamente los morenistas coahuilenses de haber sido desamparados por la dirigencia nacional. Supongo que tienen razón, el conflicto por el liderazgo nacional tuvo que afectarlos. Pero yo no lo considero tan relevante. Morena no tiene liderazgos consistentes en el noreste del país. El propio presidente López no es un estandarte morenista en esta región. En el supuesto de que desde Palacio Nacional se controlaran elecciones, creo que era más importante tantearle el agua a los camotes partidistas. Si el PAN hubiera destacado en preferencias en Coahuila, tal vez hubieran puesto más atención.
Total, siempre habrá tiempo para desenterrar los cadáveres del moreirismo.

Estas elecciones creo que han servido más para ver hasta qué punto ha funcionado la estrategia panista/empresarial contra la 4T. Un ensayo general para el 2021. Y, por lo visto, más que el triunfalismo pírrico del PRI, hay qué notar una derrota para el PAN en Coahuila, y los panistas deberían prestar más atención. El gobierno federal (y Estados Unidos, de ribete) han exhibido la repugnante corrupción generada por el priismo y el panismo. Pero si el PRI ha sido discreto, el PAN, con obvias “afinidades” oligárquicas, ha estado haciendo una intensa, desesperada labor de zapador contra la 4T. Cualquiera pensaría que eso haría repuntar las preferencias hacia el panismo. ¡Pero no! Ganó el PRI en Coahuila, y en Hidalgo al PAN tampoco les fue de maravilla. Era de esperarse la aparición de “Sí por México”, que suena más a un golpe de timón.

Las elecciones 2020, ¿un “triunfo de la democracia”? No. Más bien un triunfo para los partidos. Y un triunfo relativo, porque ni corresponde a las expectativas de los ciudadanos ni a la de los mismos partidos. Menckel tendría razón respecto a la ignorancia de los electores, pero tampoco el elector tiene muchas opciones. Tiene que votar (es un derecho y un deber constitucional), pero debe hacerlo por los candidatos que le proponen los partidos. Y los partidos ejercen su derecho a ser votados, pero no necesariamente cumplen con su deber de ofrecer las mejores opciones. Vaya, ni siquiera los candidatos se seleccionan de acuerdo con las necesidades de los ciudadanos sino con las necedades de camarillas, mafias y hasta personas enquistadas dentro de los propios partidos. Así que, si un elector quiere ser mínimamente responsable a la hora de votar, ha de hacerlo por los menos peores.

Ya vimos la lección de Coahuila, pero yo no sé qué vaya a pasar en Nuevo León. El PRI local está muy desbalagado, el medinismo muy agresivo, y el PAN muy desangelado. El “senatore” presiona demasiado por una candidatura que más allá de la vocación de servicio parece un síntoma de trastorno obsesivo compulsivo. Morena, sobre ascuas. Ildefonso Guajardo y Clara Luz Flores, deslindados el PRI, parecen ser opciones viables. Tatiana, en santa paz y sana distancia. La alcaldía por excelencia, la de Monterrey, también bajo amenaza de discordias e imposiciones en los partidos. La verdad, creo que los partidos han estado perdiendo mucho tiempo valioso en faramallas, distraídos con la polémica nacional alrededor de la 4T. Los políticos locales, metidos en el delantal de damas de beneficencia, han repetido la formula populista de siempre: repartir apoyos y consuelos. Una tarea que dura nada más lo que duran las precampañas. Después, si te vi ni me acuerdo.

En resumidas cuentas, el 2021 estaremos, sabihondos e ignorantes, sin cuaco y sin mariachi, jugando albures frente a una boleta electoral. Eso sí, en vista de la delirante guerra sucia contra la 4T desatada durante estos últimos años, es muy probable que lo que viene en campañas pueda ser todavía peor: redes sociales y medios convertidos en estercoleros de la política. No una guerra sucia sino una guerra apocalíptica sólo que, gracias al INE, con más de cuatro jinetes, pero igual de nefastos… y tal vez peores.

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