México se cimbró cuando la Fiscalía General de la República anunció abrir sendas carpetas de investigación contra los candidatos de MC y PRI-PRD al gobierno de Nuevo León, Samuel García y Adrián de la Garza. La sorpresa fue mayúscula, tanta que de inmediato se difundió la noticia, sobre todo en las redes sociales. A mí me sorprendió mucho. Me sorprendió la sorpresa de tantos. Desde hace mucho estuvimos escuchando a ambos candidatos anunciando denuncias uno contra otro. De tantas denuncias que se lanzaron, tanto en medios como por vías oficiales, alguna iba a pegar. Yo sólo estaba esperando saber cuál de todas esas denuncias acabaría procediendo, aunque sea como mera investigación. Es curioso que, ahora que se oficializan esas investigaciones, los dos candidatos, los más agresivos y hocicones, son los que tienen que tragar esta sopa caliente que les escaldó las lenguas y las campañas.
Salvo el dislate de la acusación no muy sustentada que hizo Clara Luz contra Adrián, sólo Adrián y Samuel habían intentado sistemáticamente judicializar las campañas. A mí me da la impresión que eran como el enano del tapanco, y que las acusaciones que se cruzaban eran para despedazarse, pero no para hacerse daño. Creo que a ambos les interesaba más la percepción de los electores que la procedencia de sus denuncias. Adrián ensayó ese recurso con el video contra Clara, que aunque hizo mucho daño no implicaba algún delito; demostró que somos muy pasalones cuando hombres metidos en la política mienten y traicionan; pero con las mujeres, al menor traspié así sea inocuo, exigimos la hoguera. Samuel ha sido experto en cacarear sus denuncias desde hace años, denuncias que siempre han sonado como cohetón mojado (Javier Duarte no me dejará mentir). Me imagino que quienes de veras se sorprendieron por las investigaciones abiertas por la FGR fueron al final ellos mismos, Adrián y Samuel. Ese no era el plan. Por lo menos ese no era su plan.
Lo que incomoda un poco (a mí, a otros indigna a niveles de ceguera y estulticia), es que estas carpetas de investigación aparezcan luego de que el presidente López haya expuesto la presunción de un delito electoral. ¿Debía mostrarse al Presidente como aparente promotor de acciones que debieron ejecutarse antes? No me gusta el mensaje, puesto que pareciera que algunas denuncias proceden sólo con la bendición del Presidente, lo que no hace mucha diferencia con lo que pasaba en sexenios anteriores. Y eso no es lo que proclama la 4T. Porque, y aquí hay que tenerlo claro, había ya denuncias presentadas por ellos mismos en contra del otro. La denuncia adicional del presidente López fue más bien oportunista, sólo contra uno, y no sé si fue un acto mediático o en verdad siguió los cauces de un procedimiento oficial ante alguna autoridad.
Las defensas esgrimidas por los ahora acusados ya formalmente por quién sabe quiénes, son las defensas esperadas, las típicas: “persecución política”. Sus entendederas no dieron para más y yo no esperaba nada más que eso. Si acaso Samuel añadió la nota heroica a su defensa pidiendo que no involucren a su esposa ni a la familia de su esposa. Muy épica postura pero fuera de lugar. Él mismo metió en este lío a su esposa, y a sus familias política y consanguínea. Argumentar además que todo esto es porque va en primer lugar en las encuestas es tan torpe que muestra que además de imberbe, también es pueril. Este escándalo golpea a las encuestas como instrumentos de campaña, no sólo las “suyas”, ¡todas!, porque desvirtúa la “opinión pública”. Y para hacer el caldo más gordo, Samuel todavía convoca al mismísimo dirigente nacional de MC para que lo defienda del ogro maligno y presidencial que lo manosea (bueno, a su campaña nada más), y llega el senador Dante Delgado Rannauro, del nuevo nuevo MC, que es la vieja Convergencia que además es el viejo PRI (un perfil morenista, sin duda).
El caso es que mientras Pedro Malo y Jorge Bueno se tiraban con todo a puras coplas mal entonadas, les cayó encima el mariachi y ahora ya no saben cómo salir del embrollo. Lo intentan endosándole su defensa a la compasión ciudadana. Porque pronunciarse víctimas de la malignidad del Presidente sólo sirve para despertar compasión, pero no aclara nada de las acusaciones por las que se les investiga. En realidad, lo que les revuelve sus ambas bilis a los candidatos indiciados no son las denuncias sino el momento en que se activaron. Procedan o no estas denuncias (porque creo que hay más) el daño está hecho, y entre más lo remuevan, más se encenderán los ánimos. Pero no en todos los electores, sólo de los que seguramente no dudan que ambos candidatos sean culpables de eso y hasta de más pillerías, pero les pesa más su odio al presidente López, tanto que si esto pasara hace 2 mil años, también exigirían la liberación de Barrabás.
Ahora amenazan con denunciar al Presidente por interferir en el proceso electoral. Están en todo su derecho. Y supongamos que la denuncia procediera y se sancionara de alguna manera a don Andrés. Siguiendo en el ámbito de las suposiciones, ¿qué sucedería si una, sólo una de las denuncias contra estos candidatos sí procediera, aunque no fuera contra Adrián? ¿Cómo se vería un Presidente sancionado por denunciar a candidatos realmente fraudulentos? ¿Cómo se vería el sistema electoral?
Por ahora, Adrián y Samuel entran por su pie en el martirologio y declaran su cristiana inocencia. Sus trayectorias políticas y en la función pública no son buenos avales, pero insisten en mencionarlas, aunque mayormente son exageraciones o de plano mentiras. Atendiendo esto y la forma como han desarrollado sus campañas, yo no metería las manos al fuego por alguno de ellos. Y en vista del momento y la forma como se desata este nuevo escándalo, tampoco lo haría por don Andrés, que, aunque lo diga, no entró en esto sólo para reivindicar la justicia electoral y menos aún por casualidad.
Mi papel como elector no será defender al candidato de mi preferencia sino evaluarlo a la luz de las nuevas circunstancias. Porque los defensores a ultranza de un político no lo hacen por convicción sino por fe, sólo son incubadoras de injusticia y corrupción. Que Adrián y Samuel se defiendan ante las instancias que correspondan, pero que no arrastren a los ciudadanos al laberinto que crearon con sus trampas.
Ellos mismos pusieron esas trampas, ellos sabrán como salir de ellas, aunque sea para caer en otra. Sólo que esta vez, como diría mi agüelo: “se les volteó el chirrión por el palito”.


