Sin duda, aunque en las conferencias matutinas conocidas como “las mañaneras” se ve a un Presidente seguro y confiado, pero lo que sucede al interior del Palacio Nacional debe ser lo contrario, ya que las decisiones que se toman, muestran que prevalece el desasosiego y la ansiedad.
Así pareciera que son las cosas, porque en marzo del 2019, el titular del Ejecutivo Federal se mostró radiante y feliz porque el Congreso de la Unión y la mayoría de las legislaturas locales aprobaron reformar la Constitución para crear la Guardia Nacional.
A tres años de su creación, el Ejecutivo pretende deshacerse de este cuerpo de seguridad civil para incorporarlo al ejército, contradiciéndose a sí mismo desde las campañas en la que ha participado al insistir que el ejército debe estar en los cuarteles, no en las calles haciendo funciones de policías.
Igualmente, el ejército no está en los cuarteles, sino en las aduanas, en el Tren Maya, en la refinería Dos Bocas, etc., y cuando llegan a estar en operativos, han llegado a ser agredidos y maltratados por los integrantes de las bandas delincuenciales, pero los militares tienen órdenes de no responder a las agresiones.
¿Qué presiones estará recibiendo el Primer Mandatario? ¿de quiénes? ¿de los mandos militares, del crimen organizado, o de las izquierdas latinoamericanas?
El Presidente está a punto de violar la Constitución, que establece claramente en su artículo 21 que las instituciones de seguridad pública, incluyendo la Guardia Nacional, serán de carácter civil, disciplinado y profesional.
Si ya no le importa violar la Constitución y decide por decreto incorporar a la Guardia Nacional a la SEDENA, entonces deberíamos estar preocupados, porque puede significar el inicio de una nueva etapa de autoritarismo, totalitarismo, desdén por las instituciones y retroceso en todos los ámbitos.
¿Se atreverá a violar la Constitución que él juró cumplir y hacer cumplir? ¿Serán estas las tribulaciones del Presidente?


