En el eslogan está su esencia

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Cada organizador de los Juegos Olímpicos de verano intenta englobar en su eslogan lo que para él representará la celebración del máximo evento deportivo de la humanidad.

Por ello se esfuerza en cumplir al máximo con las características que definen a un eslogan o lema: enunciado que expresa una aspiración o ideal, y es precisamente lo que busca un COJO (Comité Organizador de los Juegos Olímpicos), que su oferta trascienda en base al carácter de su gente, de su cultura, de su identidad.

Ante la enorme tarea de organización que tendrá encima, el COJO empleará todo su potencial para mostrar sus mejores cualidades y hacer los Juegos con toda su alma, gracia y cariño.

Así, cada organizador ha dejado para la historia lo que él consideró su aportación más sustanciosa, abreviada en su lema de los Olímpicos y Paralímpicos.

París 2024 recién adoptó la frase “Abramos a lo grande los Juegos”, por su abierta intención de llevar las competencias a lugares emblemáticos de la capital francesa, además de promover la igualdad de género.

Tokio 2020 tuvo como eslogan “Unidos por la emoción”, para manifestar la esperanza de espectadores, voluntarios y deportistas se unieran, bajo el entendido de que existía más por unir que en dividir. Lástima que el Covid-19 opacó en gran medida el evento japonés.

“Un mundo nuevo” fue el presentado por Río de Janeiro 2016. De esta forma los brasileños quisieron que el mundo entendiera la pasión con que hacen las cosas, la alegría que los distingue, la fiesta con que renuevan su espíritu a cada instante.

Londres 2012 utilizó la frase “Inspirar a una generación”, bajo la premisa de ser una ciudad que albergaba ya por tres ocasiones los JJ.OO., buscando con ello estimular a niños y jóvenes a través del deporte, privilegio que tuvieron sus antecesores.

Pekín 2008 trajo consigo “Un mundo, un sueño”, sin dejar de lado su mística, reflejada desde el momento de la inauguración celebrada a las ocho de la noche, en el día ocho del mes ocho, del año dos mil ocho.

Buscaron acoger al mundo, aunque más bien se abrieron a él, deseando a todos la felicidad como ruta para encontrar los sueños; para ellos el número ocho representa la felicidad y el mundo es una unidad que, aunque con diferencias, es solo uno.

La deficiente economía que la azotaba privó a Atenas de tener los Juegos del Centenario en 1996, pero en 2004 acogió los del 108 Aniversario de los Juegos de Era Moderna llamándolos “Bienvenidos a casa”.

El eslogan hizo clara alusión a que los Juegos regresaban a Grecia, no tanto a Atenas, porque los Olímpicos se desarrollaron en la cercana Olimpia; en Atenas se disputaban las Panateneas, en honor a Atenea, diosa protectora de la ciudad.

Dándole su lugar a Olimpia la organización dio la prueba de impulso de bala, realizada en el antiguo Estadio Olímpico. Además, las ceremonias de premiación incluyeron la colocación en la cabeza de los vencedores de una corona de olivo, como se hizo en la antigüedad.

El cambio de milenio motivó en el 2000 a Sídney, Australia, para crear el lema “Comparte el espíritu”. Los australianos consideraron que, sin la filosofía del Olimpismo y su espíritu, los Juegos no serían nada.

Los Juegos de 1996 fueron para Atlanta, Georgia, EE.UU., que le ganó en la votación final a Atenas, que quería los Juegos para la celebración de los 100 años de Olimpismo Moderno, pero tuvo en contra, además de su precaria economía, la reciente sede europea que implicaba Barcelona 1992.

Su tema fue “La celebración del Siglo”, aunque en realidad no fue tanto así y si acaso adornada por algunos pincelazos alusivos al deporte griego. La gente nunca conectó con los Juegos y la organización tuvo desatinos, que fueron severamente cuestionados.

Barcelona 1992 sigue siendo recordada como una gran fiesta, matizada de grandes hechos deportivos que combinaron a la perfección con el ambiente del Mediterráneo: música, baile, cante, color, arte.

Si su eslogan “Amigos para siempre” fue de por si demasiado sugerente, la canción del mismo nombre lo posicionó en todo el mundo. El tenor catalán José Carreras y la soprano británica Sarah Brightman convirtieron la pieza en un himno.

Seúl 1988 utilizó el “Armonía y progreso”; Corea del Sur sigue siendo una sociedad noble y siempre en franco desarrollo en todos los campos, que fueron cualidades que buscaron compartir con el mundo.

Vemos pues que en busca de tener un mejor mundo las sedes olímpicas ponen todo de su parte, lástima que el alcance de sus lemas muchas veces quede corto cuando el mismo ser humano es incapaz de estrecharse la mano, más allá del deporte.

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