Joel Huiqui tomó las riendas de un equipo cuya directiva detectó que el otrora entrenador ya no daba para más. Así como si fuera liga brasileña o árabe, le dieron las gracias al señor Larcamón y dejaron al ex central que, contra todo pronóstico, los llevo a un nuevo título del fútbol mexicano.
Pumas con el poeta del pueblo en la banca, no supo encontrar la valentía para salir de su mitad de cancha mas que para algún contragolpe y no pudo resistir los embates de unos cementeros que sabían lo querían y, jugaron para lograrlo.
Más que merecimiento, el campeonato se quedó en manos de quien supo valorar lo que se jugaba, acostumbrados a jugar en cancha ajena toda su vida y, por si fuera poco, han tenido desfile de entrenadores como para llenar el Zócalo en el desfile militar.
No sé qué hizo Larcamón, pero sí sé que algo hizo o más bien, algo dejó de hacer como para motivar a este plantel a que comenzara a perder las bases que les dejó el otro que corren de todos lados, Martín Anselmi.
Si algo se le puede reconocer al señor Anselmi, es que revolucionó esta máquina con buenas incorporaciones, de la mano del muy cuestionado Iván Alonso, buscaron traer talento no solo por su nombre, sino que fuera compatible con su idea de juego, para plasmar un estilo que a la larga le permitiera lograr títulos.
Pero a este equipo parece le encanta el drama, son comunes los manotazos en la mesa y cuando alguien se tiene que ir, sin importar la dirigencia, se van. Huiqui aprovechó, como dijo David Medrano, una visita a la panadería para que alguien lo viera y lo recomendara por la Noria, para después el destino ponerlo en el lugar indicado, a la hora indicada, y llevar a un equipo celeste, a ser Azul Rey.
Los Pumas de Efraín no supieron aprovechar la localía, ni tuvieron el templo de esos Pumas de Hugo Sánchez, de Ferreti y demás técnicos que, sin tantas figuras, supieron darle carácter a un equipo que más que presupuesto, tiene historia, afición y muchos recuerdos que compartir.
La final, un tanto desabrida, quedará en la historia como el regreso de un grande a festejar algo que parece se le había olvidado, ser campeón.
Huiqui y compañía, un campeonato, totalmente azul.
¡Saludos desde el sillón!


