Del inicio del actual torneo de la Liga MX a la gran final, se confirma que los equipos del norte son los rivales del América que hicieron bueno el pronóstico de muchos analistas y expertos que señalaron con mucho tiempo los favoritos para ceñirse el cetro. Sin embargo, dados los últimos antecedentes de las Chivas de Guadalajara, esos mismos analistas y expertos no le concedían muchas posibilidades de colarse ni siquiera a cuartos de final o a semifinales, y en cambio sí apostaban casi a ciegas por Pachuca, actual campeón y muy bien dirigido por Almada, e inclusive veían con cierta simpatía a Toluca, dado el buen trabajo técnico de Nacho Ambriz. Claro que tampoco esperaban que el Atlético San Luis se plantara con mucha personalidad en el Azteca e hiciera ver mal al equipo de Televisa que pasó con apuros a la siguiente fase, cuando se daba por un hecho que tenía la mesa servida para hacer de las suyas.
Algunos de esos analistas y expertos también cambiaron de opinión cuando los Tigres empezaron a pagar la factura de la desestabilización interna con la “huida” del entrenador argentino Diego Coca y los pobres resultados del “Chima” Ruiz en varios partidos, y ni siquiera con Dante Siboldi alentaban que, tras la decepción en el torneo de la Concacaf, pudieran llegar a la antesala del título. Lo que hacía falta en el caso de los tapatíos y de los felinos era que esos analistas y expertos clavaran el foco de sus conclusiones en el factor humano, que no es lo mismo que el deportivo. Y ahí tenemos que todo lo hablado y escrito se quedó corto en el momento decisivo en que ambas escuadras lucieron su futbol de conjunto ante sus aguerridos y sorprendentes vecinos del Atlas, en el primer caso, y de los universitarios frente a los poderosos “diablos rojos” del Toluca.
El factor humano, pues, nos tiene saboreando increíblemente dos clásicos de los más exitosos. Factor humano que es resultado de la activación de diversos impulsos que surgen de circunstancias imprevistas y de la vigorosa motivación que apunta hacia una actitud positiva en los momentos más complicados. Factor humano que corre parejo con la seguridad de que nada está perdido hasta que se escucha el último silbatazo del árbitro en cualquier partido, y mucho más en aquellos en que está de por medio la garantía de un premio como el campeonato y la satisfacción de unos seguidores que confían en que sus futbolistas se batirán en la cancha como verdaderos gladiadores con su capacidad profesional y el sano orgullo de dejar todas sus gotas de sudor, ganen o pierdan.
Ese factor humano, a veces impredecible y a veces invasivo cuando menos se espera, es lógico que es producto del trabajo de un director técnico que se la juega en la selección de sus piezas claves, sin atender las críticas de los analistas y expertos, porque solamente él sabe lo que ocurre en el espíritu de los que elige, al dialogar con ellos e intuir su hambre de triunfo o sus flaquezas a la hora buena. Y por ese factor humano muy bien tomado en cuenta con mucha inteligencia, el trabajo del equipo se proyecta a la tribuna, y la armonía irrompible no sufre deterioro entre sus componentes, sean titulares o sirvan de suplentes, e inclusive se queden en la banca. Todos ganan o todos pierden, es el convencimiento, que es parte del factor humano en todo deporte de conjunto, y ese pacto los hace gozar o sufrir al unísono al final de cada partido.
Y ese factor humano con mayor razón habrá que tomarlo muy en cuenta ahora que se lleven a cabo los dos clásicos de semifinales. Y se podrán correr las apuestas bajo la guía de los números que el torneo regular nos ha dejado, pero no olvidemos que la justicia en la cancha no viene de tales estadísticas, sino de un cúmulo de sucesos, que matizan la actuación de los protagonistas desde la preparación de cada partido, en el vestidor y minuto a minuto en el terreno de juego. Porque algo determinante para que el factor humano sea válido, tiene ver, igualmente, con el estudio de las fuerzas y debilidades de los rivales en la cancha y no únicamente con lo que ofrecen los elementos del propio equipo. Los técnicos lo saben y duermen considerando todo lo que rodea la expectativa de llegar a la gran final. Sobre todo, cuando media un clásico de mucha pasión y ardor entre millones de seguidores que visten con fervor los colores de su uniforme. Eso lo veremos en esta semana a nivel nacional y a nivel local. Y esperamos que todo sea para bien. Sin fanatismos ni exaltaciones que provoquen actos indignos ni, mucho menos, violencia o ataques irracionales de palabra u obra.


