La alegría iraquí y las lágrimas bolivianas regaron para siempre el estadio de los Rayados
El partido de Repechaje celebrado el martes sembró para siempre las alegrías y las lágrimas de iraquíes y bolivianos, en la lucha frenética por el último lugar en la Copa del Mundo 2026, que oficialmente arrancará el 11 de junio.
Oficialmente, sí, porque en los hechos el balón ha comenzado a rodar desde que el fin de semana la Ciudad se inundó con miles de ciudadanos que llegaron hasta acá en busca del sueño regiomontano, como lo dijo Jesús Carvajal, reportero de El Norte, cuando nos entrevistaron para un canal de Bolivia.
Los que estuvimos ese día en la cancha del Estadio de los Rayados nunca olvidaremos los cantos, las alegrías de los aficionados que con sus túnicas, turbantes (no sé si se diga así) y sus barbas muchos de ellos, arribaron a la Ciudad, y se marcharon eufóricos tras ver su selección regresar a un Mundial después de 40 años.
También quedarán en nuestra memoria las conmovedoras imágenes de los periodistas y aficionados persignándose cuando Bolivia se lanzó al abordaje en los últimos minutos para buscar el empate que no llegó. Sus lágrimas regaron para siempre también el pasto y las tribunas.
Por la cercanía latinoamericana, la afición de Monterrey simpatizó con la euforia de los fanáticos de Bolivia, pero a poco los iraquíes también se fueron ganando un lugar en el corazón regio.
Cuando a los 10 minutos el cabezazo Ali-Al-Hamadi estremeció las redes, Irak empezó a hacer valer los pronósticos como el favorito de la serie.
Pero Bolivia comenzó a tener el balón encabezado por el joven tridente de Terceros, Paniagua y Vaca. Toque y claridad transmitían, en este equipo con un promedio de edad de 24 años, dirigido por Óscar Villegas.
El empate llegó pronto cuando Vaca disparó y Paniagua interceptó el balón en el trayecto y de media vuelta hizo el 1-1. Era el minuto 38.
Pensé que sería cuestión de tiempo que Bolivia reflejara su juego de nuevo en el marcador, pero el periodista Mauricio Caballero me ubicó cuando compartimos mesa durante la cena del medio tiempo.
“No sé, porque este equipo suele dominar y luego no lo refleja en el marcador”, expresó palabras más, palabras menos.
Y agregó que además Villegas había iniciado en el cuadro titular con jugadores que son sus revulsivos y ahora no tendría en la banca de dónde echar mano.
Junto a otro periodista también boliviano me alertaron sobre las debilidades defensivas de Bolivia: los centros al área (así había caído el primer gol) y los centros cruzados.
Acertaron: a los 53´, la defensa dejó a un rival que envió un centro a placer desde la derecha y Aymen Hussein anticipó con facilidad a su marcador para hacer el 2-1.
Abajo en el marcador, Bolivia empezó a empujar hacia adelante sin opciones claras, sobre todo sin Vaca, quien agotado salió de cambio, y tampoco sin la fortaleza y claridad de su lateral derecho Diego Medina, quien fue relevado por lesión.
En medio del frenético final, la pantalla transmitió un dato que reflejó el trámite del partido: 14 tiros de esquina para Bolivia y 1 para Irak. Los bolivianos desperdiciaron su parque sin puntería y los asiáticos con muy poco se llevaban el boleto al Mundial.
Para siempre Bolivia e Irak estarán ligados a nuestro futbol, y Monterrey, una ciudad al norte México, con un especial símbolo en forma de silla de montar en el horizonte, será para siempre parte de su historia.


