A Miguel Herrera le gusta vestir bien. Es bien sabido que el técnico de los Tigres porta trajes de diseñador que de cuando en cuando resaltan por sus diseños poco convencionales de acuerdo a los estándares de la moda que acostumbran los entrenadores del futbol profesional mexicano.
Acorde a su sofisticado gusto y estilo de vestir, a Herrera le fascina el bullicio mediático. Sus conferencias de prensa suelen ser entretenidas por sus declaraciones explosivas, su vocabulario florido y sus arrebatos que dan color a los noticieros y programas de análisis deportivos. Además, Miguel se ve cómodo anunciando marcas, sorteos, gobiernos y hasta promoviendo el voto verde en redes sociales.
Miguel Herrera llegó a Tigres con el traje de ganador puesto. Reconocido como uno de los mejores técnicos mexicanos, con títulos de liga, la experiencia de dirigir un mundial y de dirigir al América, con toda la presión mediática y hasta social incluida. Todo esto seguramente le abonó para echarse a cuesta la responsabilidad de vestirse de gala y extender el legado triunfador de los felinos.
Entre jugadores en declive natural, inconsistencias de juego y disciplina, así como estrategias inadecuadas, el verdadero traje que Miguel viste como técnico de los Tigres es similar al del emperador del cuento clásico de Hans Christian Andersen. Cuando llegó, entre el video chusco, la fama y la necesidad de olvidar la parsimonia en la estrategia de Ricardo Ferreti se le vió un atuendo fino, caro y elegante. Y así como en el cuento infantil hubo un niño que le reveló al monarca que en realidad iba desnudo, el Puebla se encargó de terminar de exhibir las carencias y deficiencias de los felinos.
La liguilla pasada, la reputación de Miguel medio se cubrió con el gol del Atlas que salvó la eliminación en la mesa por alineación indebida; este torneo se antoja complejo llegar a la final, con todo y que la mediocre liga mexicana facilita la elaboración de “trajes de emperador” al por mayor con el repechaje.
El avasallador paso del América, la baja de juego de Gignac, la zozobra de Thauvin, el repunte de los Rayados, el drama de Quiñones y la incertidumbre de la defensa son ingredientes de drama deportivo perfectamente alineados en esta liguilla que se viene para que Miguel Herrera y los Tigres como organización se vistan de héroes, o terminen exhibidos en una desnudez que, como tal, exige sea cubierta de inmediato con nuevas prendas.
Horacio Nájera es Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la UANL y maestrías en las Universidades de Toronto y York. Acumula 30 años de experiencia en periodismo, ha sido premiado en Estados Unidos y Canadá y es coautor de dos libros.

