Entre el honor y el reglamento

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Los representativos de futbol de Senegal y Marruecos protagonizan esta semana un evento de enorme trascendencia, pero que parece extraído de alguna liga amateur. Fue por la disputa de la Copa Africana de de Naciones (AFCON).

Ganó en la cancha el combinado senegalés, pero, en una apelación reglamentaria, dos meses después se les despojó de la copa para dársela a su rival.

En un hecho insólito, la final no se decidió por goles. En el escritorio, por una determinación burocrática, se eligió al ganador. No se impuso el que desplegó mejor calidad, si no el que fue favorecido por los códigos. Un equipo infringió el reglamento y el afectado protestó, y a este le terminaron dando el triunfo.
¿Dónde quedó el espíritu deportivo? ¿Debieron dejarle el premio al equipo que rompió las reglas? ¿El afectado hizo bien al quejarse? ¿Hay honor para Marruecos en la copa ganada, vergüenza para Senegal por su falta?
Las preguntas surgen en torrente ante el inesperado desenlace de un partido que debía ser una fiesta del balón y que terminó ensuciándose como un enredo de oficina.

Los representativos de estas naciones se disputaron la supremacía africana en Rabat, capital marroquí, el 18 de enero pasado. El partido transcurría, empatado sin goles. En el minuto 96, el silbante congoleño Jean Jacques Ndala Ngambo marcó un penal a favor de los locales. En un tiro de esquina, fue clarísimo el jalón del defensa Malick Diouf sobre el atacante Brahim Díaz. Los visitantes abandonaron el terreno de juego, molestos pues el gol, si se anotaba, le daba el campeonato continental a los anfitriones conocidos como Los Leones del Atlas.

Los senegaleses decidieron retirarse a los vestidores en protesta por la marcación del juez, un desplante muy parecido al berrinche del mal perdedor. Fue el entrenador, Pape Thiaw, quien impidió que el juego se reanudara; al minuto 103, después de empujones y discusiones, ordenó a sus muchachos meterse en el vestidor. El gesto, como se ve hoy, le salió carísimo.

Fue Sadio Mané, su máxima estrella, el que instó a sus compañeros a regresar a la cancha y afrontar las consecuencias del incidente del juego. Hasta el minuto 109 volvieron los compañeros, de mala gana. Hasta el minuto 114 se cobró el tiro de los once pasos. Díaz mismo fue el encargado de ejecutar, pero hizo el ridículo al cobrar con un Panenka, convertido en un osito de peluche que le dio suavemente en el pecho al arquero senegalés. No fue justicia divina, fue una irresponsabilidad del cobrador. Al terminar el tiempo regular, sus compañeros lo querían matar, reclamándole su tontería.
El juego se reanudó en tiempos extras. Al 94, Gueyé, de Senagal anotó un golazo que sentenció el partido y los proclamó monarcas de la Copa Africana. Le dieron la vuelta al mundo las fotos del equipo con la copa en alto.

Días después hubo sanciones confederativas por el incidente del abandono del terreno de juego.

Pero Marruecos impugnó formalmente. Y aquí la historia dio un giro espectacular y grotesco.

La Confederación Africana de Futbol (CAF) a través de su comité de apelaciones, analizó el caso y determinó el martes 17 de marzo que, en el partido de la final, Los Leones de la Tarenga habían infringido los artículos 82 y 84 del Reglamento de la Copa Africana que señala: “Si un equipo se niega a jugar o abandona el terreno de juego antes del final reglamentario del partido, se le considerará perdedor y quedará definitivamente eliminado de la competición en curso”.

El fallo hizo que, para cuestiones administrativas, se le retirara el gallardete a Senegal y se le entregara a Marruecos, que ganó en la mesa el partido 3-0. El triunfo se dio por abandono del rival.

Más allá de las condenas y declaraciones furiosas de los ahora perdedores, que consideran esta determinación un despojo vil, habrá que ver si el conjunto marroquí debía haberse inconformado con el resultado. ¿Lo justo hubiera sido que aceptara la derrota? ¿Es honorable reclamar el trofeo, por una falta administrativa del adversario?

Razón jurídica tenían, como ahora ha quedado demostrado. El equipo de África occidental, enfurecido, ha señalado corrupción de la Confederación continental por revertir el marcador, pero no puede deshacer lo que reglamentariamente está escrito en sangre. Todavía le queda como instancia última apelar ante Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS), el jurado internacional más respetado para dirimir competencias deportivas y cuyo fallo es inapelable.

Por su parte, la Real Federación Marroquí de Futbol, en su comunicado oficial expresó su satisfacción por la decisión de la CAF y, sobre la impugnación, aclaró que “el objetivo de esta medida no era cuestionar el rendimiento deportivo, sino limitarse a exigir el respeto de las normas y garantizar la integridad y la imparcialidad de la competición”.

El debate de argumentos continúa en un caso que aún se mantiene vivo.
La pregunta es permanente: ¿debe respetarse la victoria en la cancha o sancionarse con eliminación a quien ganó, pero sin respetar los reglamentos?

Que cada quién decida.

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