Por OMAR CERVANTES RODRÍGUEZ
Este jueves subí un video a nuestras redes sociales @olympiasfitness y en las mías personales, con mi nombre, en el que abordo un par de temas igual de importantes, aunque en esta colaboración para Hora Cero Deportes quiero enfocarme en la que tiene que ver con los riesgos por el uso indiscriminado de esteroides en cualquier deporte.
Ya en otras ocasiones hemos abordado este tema públicamente sobre la realidad que desafortunadamente vive el fitness y el bodybuilding en la actualidad, con un uso abusivo de sustancias exógenas que están dañando de múltiples maneras a los atletas, en algunos casos llegando a ser causa directa o indirecta de muerte.
Hemos citado que Arnold Schwarzenegger, uno de los símbolos de este deporte, encabeza una cruzada internacional en contra de los cuerpos monstruosos producto del abuso de sustancias. El actor y ex gobernador de California ha reconocido que en los 70’s y 80’s el uso de testosterona era común, pero nunca de la forma en que irresponsablemente comenzaron a aplicarse, junto con otros exógenos, a partir de los 90’s, cuando los cuerpos perdieron proporciones estéticas y se convirtieron en “freaking bodies”, entre otras características con cinturas abultadas y abdómenes grandes, además de músculos humanamente imposibles de lograr de forma natural.
Otro líder de opinión que suele expresarse abiertamente en todos los foros sobre el daño que los nuevos entrenadores están causando a los atletas, es el Mr. Olympia 1983, Samir Bannout, quien además de puntualizar que los cuerpos simétricos de la época dorada del físicoconstructivismo eran mucho más estéticos y creíbles que los actuales, alerta a los practicantes a no dejarse manipular por los falsos gurús que están envenenando los cuerpos y olvidándose de que uno de los motivos fundamentales de cualquier actividad física es el de propiciar salud integral y no matar o enfermar a los deportistas, cómo está sucediendo.
Apenas la semana pasada escribíamos conmocionados por el deceso de un grande de este deporte, el venezolano-portorriqueño, Gustavo Badell, a la edad de 50 años, por causas aun desconocidas, aunque trascendió que pudo haber sido un evento vascular cerebral, no confirmado por alguna fuente oficial. Badell, nos consta porque le conocimos, fue un atleta sumamente cuidadoso que además, los últimos años de su vida los dedicó a hablar sin censura en sus redes sociales, previniendo sobre los charlatanes que recetan sin escrúpulos y sin ningún rigor médico, cualquier cantidad de esteroides, hormonas e incluso insulina, surtidos muchas veces en el mercado negro y siendo riesgosos al no saber que contienen, cuando de por sí los de farmacia y de patente tienen muchos daños colaterales.
En el video compartido en mis redes ofrecí un testimonial de que, a pesar de haber comenzado ya mayor (39 años) a usar ciclos de esteroides para algunas competencias, siempre con cuidado y supervisión de expertos, además de chequeos médicos, en el 2016 una combinación inapropiada de fármacos me causó un daño que fue diagnosticado entonces por mi endocrinóloga como síndrome metabólico e hipotiroidismo subclínico, por lo que se me advirtió que el resto de mi vida debería estar usando algunos medicamentos para controlar. Adicionalmente en aquel entonces presentaba un cuadro prediabético, por lo que la supervisión de mi alimentación y hábitos de vida
siempre tendrían que ser muy vigilados, razón por la que periódicamente realizo chequeos de mis niveles de sangre y otras pruebas.
Tengo la fortuna gracias a Dios de que soy activo y deportista, practico ejercicio desde hace 40 años, al menos y desde hace más de 25 no bebo alcohol y también dejé el tabaco, por lo que relativamente llevo una vida, podría decirse “estable” y cuido mucho de algunos padecimientos crónicos que se han ido presentando con la edad.
El pie de donde cojeo, dice la frase popular, es que soy un gran comedor que si descuido mi régimen habitual, fácilmente pierdo el control, dándole rienda a mis antojos de productos dulces como panadería, helados, galletas, golosinas y similares.
Adicionalmente tengo antecedentes de diabetes por parte de mi linaje paterno, mientras que hay factores congénitos de colesterol y triglicéridos en la familia materna.
Como muchos en la pandemia, tuve momentos compulsivos de comer, por lo subía en temporadas de peso y porcentaje de grasa, sin dejar de entrenar, mientras que por algunos ciclos bajaba drásticamente con dietas extremas como las que restringen completamente los carbohidratos, además de realizar las famosas “peak weeks” con deshidratación, por lo menos en tres ocasiones del 2021 a este año.
Quizás ese haya sido uno de los motivos para que en mis objetivos del 2023 destacaran el dejar de comer azúcares, alimentos procesados o industriales y reducir sustancialmente mi consumo de gluten, aparejado de 19 semanas de entrenamiento enfocado para lograr buena figura y condición a punto de cumplir los 56 años en septiembre próximo.
Los resultados externos fueron muy satisfactorios y sigo entrenando cada día con entusiasmo al menos cinco veces por semana y paradójicamente, lo que me diagnosticaron en 2016 este año se consumó en una diabetes de fácil control, de la que, si bien estoy optimista de que podremos estabilizarla pronto con la ayuda de profesionales, es una evidencia de que la salud y la talla o el peso no siempre están relacionados, como establece la escuela norteamericana “salud para todas las tallas”. Algunas personas con sobrepeso y otras muy delgadas tienen sus índices de salud completamente controlados, mientras otros con cuerpos atléticos podemos presentar algún padecimiento interno.
Por ello me sumo a las voces que previenen sobre el uso de sustancias exógenas para tener “mejores” cuerpos o “mejores” rendimientos deportivos. Se trata de estar sanos, no de dañar nuestros organismos.
En mi caso seguramente es una combinación de diversos factores y gracias a Dios pudimos detectarlo a tiempo para tomar las acciones correspondientes y estabilizarnos lo más pronto posible.
Sin embargo, en el mundo fitness esto de lo que hoy hablamos es una realidad que está dañando a muchas personas y al deporte como organización. Los daños de un uso indiscriminado de sustancias van desde cardiomegalia (aumento del tamaño del corazón), infartos, daños renales, pancreáticos y hepáticos irreversibles, eventos vasculares cerebrales, adicción psicológica, afectación a genitales y hormonales-sexuales (en hombres y mujeres), neurosis en abstinencia y
otros muchos efectos secundarios como aquellos que observamos hoy en las competencias de jóvenes llenos de acné en el cuerpo, entre otros.
Estamos conscientes de que no podemos tapar el sol con un dedo, pero sí podemos hablar con la verdad y de frente, como lo estaremos haciendo en este espacio y en nuestras redes sociales.
Que el deporte sea salud, verdaderamente.


