Los valores son para siempre

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Los tiempos que uno adquiere al correr no son para siempre, los valores sí.

Este domingo realicé mi mejor ritmo en una carrera: 4:18, para terminar los 21K Tarahumara en un tiempo de 1 hora, 30 minutos y 17 segundos.

Vamos a la escena. Mañana del 19 de marzo del 2023, circuito Valle Oriente. Me encuentro totalmente al frente en la línea de salida, como me lo ha indicado mi entrenador Tomás Castañeda.

A pesar de lo cercano que está ya la primavera, el clima nos ha sorprendido con un valor de seis grados centígrados.

La idea es salir fuerte desde el primer kilómetro tratando de bajar mi tiempo lo más que se pueda.

Apenas es escucha el disparo de salida y pronto el pelotón delantero me lleva a experimentar el primer valor de la mañana: la influencia del entorno.

Aunque mi intención no es salir tan rápido, no puedo evitar tomar el ritmo fuerte de los corredores que van adelante.

Intento bajar la velocidad, pero siento que mi pie derecho toca con el pie de otro competidor, por lo que siento el riesgo de tropezarme e ir al suelo si aflojo el ritmo.

Así, no tengo más remedio que seguir igual. Suelo pasar el primer kilómetro con un ritmo conservador de 4:45, pero esta vez ha sido de 4:19, lo que significa para mí una bocanada de confianza.

Me da fortaleza para mantener el ritmo fuerte. Me propongo ya no modificar hasta el kilómetro 11.
Empiezo a pensar en cómo manejaré el resto de la carrera (valor: la estrategia). Del 11 al 16 procuraré no bajar de 4:15, y los últimos 5 kilómetros hacerlos a un ritmo de 4:00.

Con un mejor dominio de las circunstancias, mi fe (otro valor) encuentra sustento, bases firmes, y al mismo tiempo me permite disfrutar el camino (el valor del aquí y el ahora).

Ese disfrute del aquí y del ahora me lleva a no buscar en el reloj el tiempo que llevo consumido, así que el futuro deja de preocuparme, pues tan sólo me interesa el momento presente (cumplir con el ritmo que me he trazado).

Disfruto tanto el momento, incluida la lluvia que empieza a mojarme durante la última parte del trayecto, que a partir del kilómetro 11 corro aún más abajo de lo planeado, es decir, casi la segunda mitad de la carrera en un promedio de 4:00.

Llego a los últimos kilómetros y me alienta el apoyo de algunas personas, como Estela Chávez (el valor del compañerismo), que me carga de energía.

Me acerco al final y en los últimos dos kilómetros aviento mi resto. Vienen los últimos metros y veo que una mujer me rebasa, parece que es la chica con la que compartí algunos kilómetros en el
Maratón de Monterrey, diciembre pasado (el valor de que siempre terminas encontrándote una y otra vez a las personas que van a tu ritmo por la vida).

Por fin, tengo la meta a pocos metros y me doy cuenta por primera vez del tiempo que voy a hacer: 1:30 dice en la pizarra electrónica.

Cruzó la meta y al primero que veo es a un amigo fotógrafo (Fernando, “El Cura”, como le decimos afectuosamente).

“!1:30…!, me dice con una sonrisa, repitiendo lo que ve en la pizarra.

Lo saludo con un medio abrazo (el valor de compartir con alguien los momentos felices).

Ha sido el mejor tiempo que he registrado en una carrera, pero más importantes han sido los valores que construido a lo largo de esos 21 kilómetros.

El reloj un día subirá…los valores que nos edifican mientras corremos, esos se quedarán para siempre.

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