Muchos corredores, y lo digo muy seguido, porque así lo pienso y lo vivo, tendemos a ser bastante ansiosos.
Constantemente nos sentimos preocupados cuando se acerca algún entrenamiento fuerte o alguna competencia, vivimos con la intranquilidad de que “algo” pueda salir mal el día de esa carrera que hemos estado preparando, muy seguramente con meses de anticipación.
No se por qué, pero nos ponemos a pensar en todo lo que puede salir mal, por ejemplo, el día o la semana que vamos a correr un maratón…
Que si nos va a doler algo, que si esa semana no podemos dormir bien, que si nos hidratamos o alimentamos correctamente, que si nos llega a traicionar el estómago, que si nos vamos a “tronar” en el kilómetro 30, que si va a estar muy caliente, que si puede llover, que si la ruta nos irá a pesar, en fin, de verdad que los peores y catastróficos escenarios llenan nuestra cabeza de preocupación los días previos a la carrera.
Una cosa es estar preparado para esos escenarios en caso de que alguno suceda, porque claro que puede pasar y pasa, pero otra completamente diferente es llegar aterrorizado y casi paralizado a la línea de salida y estar auto saboteando toda nuestra preparación que, como dije antes, seguro nos costó meses.
Dominar la mente no me cansaré de decirlo, es fundamental en el running, porque esta, o nos ayuda a salir adelante y llegar a la meta, o nos deja tirados y derrotados a medio camino.
En lo personal confieso parece que a mí todavía se me olvida algunas veces, y llego con miedo antes de siquiera comenzar la carrera, y aunque al final pueda sacarla bien, el sufrimiento y estrés que me causé días previos fue desgastante y seguro hizo que bajara un poco mi rendimiento ese día que tanto esperé.
Algo que me ha ayudado mucho la semana previa y el día de la carrera, a mantener a raya esos pensamientos negativos y catastróficos, es pensar en todo lo que hice bien para poder llegar a estar ahí.
Me doy confianza a mi misma de esa forma, pienso en todos los días que me levanté temprano a entrenar, pienso en los dos días a la semana de 10k a ritmo con mis compañeros y como los aguanté, los días de pista con series o intervalos, los días de distancias medias, y claro, las distancias largas de por lo menos 30K.
Me ha pasado que a veces por alguna razón ajena a mi control, la semana del maratón no puedo dormir como quisiera y debería hacerlo, también que no puedo comer exactamente lo que tendría que comer, e incluso no poder entrenar quizá los últimos dos o tres días antes de cerrar el programa, o tener algún problema grande que evita que me concentre bien, en la última parte de la preparación, y aún así al final pesa más todo lo que hice bien durante meses y consigo cruzar esa meta y de buena forma.
Entonces creo que una buena manera de manejar la mente es cambiar el “todo lo malo que puede pasar” por “todo lo bueno que puede pasar”, según nos hayamos entrenado y con esa confianza hacerle frente a ese compromiso para el que nos hemos preparado y claro, no olvidar lo afortunados que somos de poder hacerlo.


