Entiendo todo el trauma nacional que generó hace quinientos años la señorita de Veracruz llamada Malinalli, a la que Hernán Cortés rebautizó como Malinche, y que le sirvió de intérprete, en su campaña de conquista y sojuzgamiento al imperio mexica. Práctica, la mujer hizo estrategia de supervivencia y se salió con la suya. De cualquier manera, el extremeño hubiera arrasado con lo que se interpusiera en su camino.
Pienso en la Malinche cuando escucho a aficionados ebrios de patriotismo, que piden querer al balón mexicano, con todo y sus deficiencias y su mediocre nivel de competencia. No puedo cegarme con argumentos nacionalistas, e ignorar el subdesarrollo de nuestro futbol, frente al de otras latitudes con seleccionados que, en la pasada Copa del Mundo de Qatar, demostraron hechuras mejores.
Recuerdo con humor a un amigo, crítico de cine que, a finales de los 90, acudió al Festival Internacional de Venecia, donde vio estrenos de Pedro Almodóvar, Woody Allen, Roman Polanski, Peter Greenaway. De regreso de La Mostra, me dijo descorazonado que ese fin de semana tenía que ver en salas de Monterrey una de esas películas de luchadores que estaban de moda y otra de albures y vedettes. Le sugería que no prejuiciara, que había una posibilidad de que fueran cintas dignas y que tal vez se llevaría una sorpresa grata. Al lunes siguiente nos vimos y me dijo que había comprobado que las cintas eran decididamente deplorables, técnicamente desaseadas, sin un intento por hacer un guion ingenioso y que tenían el propósito desinhibido de emocionar con ligereza a aficionados de la Lucha Libre Mexicana y a exhibir las formas ebúrneas de algunas encueratrices, para deleite visual de los caballeros.
Recuerdo a mi amigo entristecido, ahora que ha terminado el Mundial qatarí que trajo enormes satisfacciones para los aficionados de futbol e insuperables niveles de emoción, con partidos que provocaron infartos y catalepsias por sus narrativas refinadas de volteretas, goles in extremis y jugadas de canela fina.
Lio Messi, Kylian Mbappé, Luka Modric, Giorgian de Arrascaeta, Harry Kane, Yassine Bounou. Cristiano Ronaldo. Virgil Van Djik, Ansu Fati. Caminaron por los tapetes verdes de los modernos estadios del país anfitrión grandes figuras y jóvenes emergentes que nos dieron baños de grandeza con una destreza magnifica. La justa fue presentada en una transmisión vanguardista de TV para hacer esta la Copa del Mundo con mayor difusión y con calidad visual 4K, que podía apreciarse con todo su virtuosismo en pantallas de plasma para televisores de formato grande. Los seguidores del futbol coincidimos que la final entre Argentina y Francia es una de las más emocionantes en la historia de las Copas, comparada, quizás, con la de México 86, entre Argentina y Alemania. Lo cierto es que la cita a orillas del Golfo Pérsico cumplió con los más altos estándares de calidad y le dio gusto a los paladares más refinados.
Esta semana, mientras escribía, aún tenía frescas las triangulaciones de vértigo que hacían en la delantera Vinicius Neymar y Rodrygo. Y de pronto, encendí el viernes el televisor y zas, que aparece Necaxa contra San Luis, primer juego de la jornada 1 del torneo Clausura 2023 de la Liga MX.
Se me estruja el corazón tan solo de ver que, para este torneo hay grandes esperanzas en Ciudad Juárez, con la llegada del Mono Ozuna. O que Atlas tiene el corazón puesto en Brian Lozano. Cruz Azul se reforzó con Jordan Silva y Ramiro Carrera.
Chivas va con Zahid Muñoz, y León apuesta sus canicas a Adonis Frías y Brian Rubio. Mazatlán quiere descollar con Ariel Nahuelpán y Aké Loba. Necaxa se siente fortalecido con Josecarlos Van Rankin y Damián Batallini. Tigres se siente musculoso con Fernando Gorriarán y Jordi Cortizo se enlista en Rayados con la promesa de incendiar el torneo.
Y así, sigue la nómina de refuerzos del circuito mayor del balompié azteca donde solo hay un reciclaje de jugadores que ya han demostrado sus resultados medianos en otros clubes del vecindario mexicano, o que han obtenido algunos créditos en equipos de medio pelambre de otras ligas, en el cono sur.
Con algo de pena, y mucha resignación aspiracional, volteo hacia Europa y veo en los arrancaderos a los corceles cuarto de milla, briosos, jóvenes, aguerridos, elegantes, que trotan en canchas de España, Inglaterra, Francia, Italia y Alemania, Holanda. No hay nada que hacer en el comparativo.
Allá los fichajes bomba son de fisión nuclear. En México tenemos qué hacer escándalo y arrojar algunas tiras de serpentina porque en Pumas, Dani Alves, de pasado brillante y glorias muy pasadas, va por una segunda temporada. Ese es el nivel de competencia de lo que se va a ver cada semana, a lo largo del semestre.
Resignación, queridos hermanos.


