Pobre México que le corresponde organizar una Copa del Mundo de futbol en tiempos de la explosión de las tecnologías de la comunicación. Todo lo público que ocurre se sobredimensiona y llega a cada dispositivo móvil de manera instantánea.
Al uso habitual del internet, se les suma el de las redes sociales, que ya forman un acompañamiento cotidiano, como un plato de sopa en la mesa. Casi el 70 por ciento de los habitantes del planeta utilizan una plataforma de comunicación como WhatsApp, Facebook, que lideran las interacciones, seguidos de Instagram y Youtube. En México el porcentaje es de 91 por ciento.
El domingo pasado el país fue sacudido por un evento de seguridad pública de repercusión internacional. Un capo de la droga fue abatido en Jalisco, por fuerzas federales. La organización criminal que lideraba distribuía sus productos prohibidos por todo el orbe. Su eliminación se esparció por la aldea global.
Hubo violencia esta semana en México, como notablemente se difundió por todos los canales. Pero es la misma que ha habido también, antes y después, en otras sedes del Mundial. Los hechos son los mismos, lo que cambia son los nombres.
La balacera en Tapalpa podría pasar solo como una noticia policiaca, si no fuera porque el futbol, ahora, ya toca todos los rincones del quehacer cotidiano de los cinco continentes. Quienes hace pocos años veían el balón con desdén, por considerarlo un juego de gorilas con taparrabos tras un balón, ahora ya se integran al glamour pues quieren ser parte de la Copa del Mundo. Es chic y cool estar en la onda del Mundial.
Ante esa exposición masiva de la próxima competencia, es importante la difusión masiva de la noticia del mafioso acribillado. Las plataformas noticiosas de todos los idiomas le dieron espacios titulares al reporte. La preocupación es generalizada, pues México, Estados Unidos y Canadá serán anfitriones de la máxima fiesta deportiva del orbe que inicia el 11 de junio con inauguración majestuosa en el Estadio Azteca. Jalisco, la entidad donde se escenificaron los combates del domingo, será una de las tres sedes nacionales, junto con la Ciudad de México y Nuevo León. La fiesta termina el 19 de julio, con el partido de la Final en Nueva Jersey.
Es indispensable contextualizar cada Mundial, pues en todos ha habido inestabilidad social en el país anfitrión. Es una señal de la civilización la lucha por el poder, la pugna política, la violencia y la criminalidad. Ninguna nación escapa.
Alemania 74 fue precedido por el ataque más brutal a una sede olímpica, con el inolvidable septiembre negro de las Olimpiadas de Múnich 72. Argentina 78 se realizó durante la cruenta dictadura militar, que llegó a la cita mundialista con más de 20 mil muertos por su fuerza represora. España 82 estuvo ensombrecido por la violencia separatista de ETA que, a través de actos terroristas, dejó cientos de muertos.
Y así se puede continuar el recuento de los hechos de sangre que hubo en cada mundial Estados Unidos, Francia, Japón-Korea, Alemania, y los sucedáneos. El mundo, sin embargo, no se enteró de aquellas pugnas sociales, políticas, delictivas, porque en esos años las noticias llegaban lentas. No es que se difundieran por palomas mensajeras, como en los primeros servicios informativos, pero sí se transmitían por los noticieros de la noche o de la mañana, por lo que había que esperar horas para conocer detalles de los hechos. O se podía saber de lo que pasaba del otro lado del Atlántico o el Pacífico por los periódicos que comenzaban a circular hasta el día siguiente a las 6 de la mañana. Un dato: en el mundial de Italia 90, el invento de telecomunicación más revolucionario era el fax.
La violencia pública es preocupante en el 2026, igual que en el 2000. Las causales han variado poco. Los delincuentes, seres indeseables por la sociedad, quieren seguir acumulando riqueza con la venta de productos ilegales, lo que ocasiona intercambio de plomo entre ellos o con la policía. Ocurre ayer y en el milenio pasado. Cierto, hay otras formas de ejercer la violencia, con métodos más sofisticados, pero la percepción de inseguridad, es un hecho magnificado con la profusión de noticias sobre muertos y desaparecidos.
La inmediatez de la información hace que, afortunadamente el gran público y la FIFA no sean engañados sobre la temperatura de un pueblo. Los gobiernos ahora no pueden, como en el pasado, lanzar campañas apabullantes sobre paz social. No funcionarían, y se verían mal. Argentina quiso venderle al mundo una paz social que nadie creyó. Estados Unidos en el 94, tenía frescas las invasiones a Panamá e Irak, pero ondeó la bandera de la paz. Hubo inauguraciones coloridas pero con sociedades temerosas.
Las Selecciones para la Copa de este año saben que están enviando a sus jugadores de piernas que valen oro a una comarca, como la mexicana, donde han estado asentados los gánsteres más buscados en todas las listas de la Interpol. La preocupación para este Mundial es natural, pero sus causas son muy parecidas a las de otras épocas. Solo que ahora son expuestas con mayor claridad, reels y acompañadas de miles de likes.


