Año nuevo, nada más

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Llega un año nuevo y todo mundo nos ponemos a desear, sí, es verdad, en secreto, encerrados en lo muy vergonzosamente particular, en eso que no habrá de salir de nuestra inocente cabecita, en lo muy íntimo y personal, en lo que nunca podemos externar o hacer saber a otros, porque es una soberana tontería.

Siempre seremos como niños, cual pidiéndole a Santa Claus, así esperamos, recibimos y pensamos del Año Nuevo.

Y llega éste, la nueva anualidad y por supuesto que nada ocurre, porque simplemente nosotros nada hacemos para que se produzca alguna modificación que anhelamos.

Porque no nos ponemos a proponernos a nosotros mismos haceralgo, colaborar para que suceda, sino que sólo se desea ¡y ya!

Le dejamos la cosa a la suerte, al destino, a la fortuna, a Dios o a lo que sea, incluso hasta nos olvidamos de ello, pensando o cayendo en la cuenta de que se trata de una zonzera, de algo sin sentido.

De sueños guajiros estamos llenos todos, como de bien intencionados está lleno el infierno.

Como una quimera, como algo que ya sabemos que tiene un nivel un poquito arriba de la tontería, pues si no lo hacemos nosotros, simplemente no sucederá ese deseo de cambio.

Cambio que no tienen otro nombre o sentido, como no sea una deseada mejora personal.

Pero nos queda claro, que ese chispazo de deseo en nuestra mente, no pasará de ser un anhelo, un pensamiento, una buena intención que quedará como cada diciembre o enero, simplemente en algo mental.

Sin actuar para tal cambio, sin echarle esfuerzo al asunto, no va a pasar nada.

OTRO AÑO, MISMOS BRIBONES

Bueno, pues asimismo, es lo que ocurre con México, con Tamaulipas, con Nuevo Laredo, estas tres figuras van a seguir igual o peor, eso si el pueblo no se decide a actuar, si no hacemos algo.

Nuevo Laredo, Tamaulipas y México no van a cambiar, porque somos nosotros los que tenemos que provocar cualquier modificación al status quo, cada uno de nosotros debemos echarle los kilos, en la medida que nos toque y podamos, incluso para exigir a los gobernantes a hacer algo para mejorar.

Ya vimos cómo iniciamos el año, con aumento en todo, así que bajémosle al cigarrillo, a la cerveza, al refresco embotellado y a todo lo que nos va a costar mucho más y que además nos hace daño.

Ya sabemos que viene un Sistema de Administración Tributario de Tamaulipas (SAT Tam) que no es más que una muy grande y mala noticia para todo el pueblo en la entidad, acecha un terrorismo fiscal, con fines electoreros y de hacer sentir el poder gubernamental, nada digno de ayudarle al pueblo, todo lo contrario.

Es una idea atroz, que todos permitimos, con esta nuestra pasiva postura de no hacer nada, de permitir todo.

¿Pero qué hacemos? ¡Nada! Que los diputados locales, que se supone legislan en pro del pueblo, lo autorizaron para joder al mismo pueblo.

Tampoco hacen nada los académicos, ni los colegios de contadores y administradores públicos, no hacen nada los gobiernos locales, los miembros de clubes de servicio, de asociaciones civiles, las agrupaciones de
profesionistas, no hacen nada los empresarios, ni los capitanes industriales, las cámaras grupales, los comerciantes, los credos, ni los constructores, ¡nadie!, las fuerzas vivas están bien muertas, los que encabezan la actividad económica local, como los avestruces, entierran la cabeza en el suelo.

ESO NO VA A SUCEDER

Soñamos con sacarnos la lotería -y sin siquiera comprar boleto-, con marcharnos de aquí a mejores tierras, con cambiar de empleo, de giro y de todo lo que se pueda, pero estamos muy seguros que nada de eso haremos.

Hasta soñamos con derrocar al tirano gobernante, al ladrón que preside la comuna, pero no hacemos nada, sólo los vemos avasallarnos cada día más, enriquecerse cada 24 horas, porque cada jornada, en cada nueva burla, nos lo restriegan en nuestras pasivas caras, eso es lo que pasa en Tamaulipas y en Nuevo Laredo.

Eso es lo que nos espera este año 2020, nada de cambio para bien, nada de mejora, como no sea cada día mejor, pero para ellos dos, para los bandidos de cuello blanco, el de la cuidad y el del Estado.

A Dios o a quienes ustedes gusten, le dejamos la deseada mejora de pueblo, el cambio positivo en el panorama que nos involucra, que nos interesa, que nos afecta, que nos toca, nos incide, pero ni un ápice cambiamos o actuamos nosotros.

Como que ya estamos bastante grandecitos para creer en Papá Noel, ¿no? ¿Sabremos que si no hacemos nada, no pasará nada?

Digo, esta última pregunta la hacemos, porque ya nos está entrando la seria duda, de que todos seguimos estacionados en la cómoda postura de esperar a que venga un ser de otra dimensión y nos resuelva nuestros problemas, que venga una figura, cosa, ente, ser o lo que sea, de condición divina, mágica o quién sabe qué, para que nos libre de todas nuestras broncas, sean individuales, de grupo, de comunidad, de pueblo, de ciudad, de estado y hasta de país.

Feliz Año Nuevo, disculpen tanta desesperación, pero es que tanta conchudez, tantos timoratos, tantos pasivos, nos ponen así.

Ojalá Dios, Alá, Buda, Mickey Mouse, Santo, El Chapulín Colorado o quien sea, mueva a nuestro pueblo, les retiemble el cerebro a cada uno y los haga actuar, tener vida.

Miren que se nos vienen dos años más de estos mismos pillos, pero con más filo, mayor hambre, punción y el deseo de jodernos, no vemos más allá en estos gobernantes, que más de lo malo que ya ha sufrido Nuevo Laredo y Tamaulipas en los pasados tres años.

Y sin que nadie haga nada.

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