En una entrevista donde se le preguntó a Alejandro Moreno, (“Alito”) líder nacional del PRI, qué opina sobre lo bien posicionado que resultó Luis Donaldo Colosio Riojas en una encuesta con miras a la presidencia; el líder priísta respondió: “¿Quién conoce al joven Colosio?” Palabras más, palabras menos, el priísta quiso dejar claro que Luis Donaldo Colosio hijo no es Luis Donaldo Colosio padre, que Colosio fue una hechura del PRI como si el nombre “Colosio”, fuera una “marca registrada” propiedad del partido tricolor, del que todo mundo sabe que fue el mismo partido el que encumbró y tumbó a Colosio, aun antes de su trágico asesinato, porque ya le habían eclipsado la campaña y complicado la existencia con el protagonismo de Manuel Camacho Solís en la figura del “Comisionado para la Paz” en Chiapas en aquel fatídico año de 1994.
La verdad es que tampoco tuvimos oportunidad para conocer a Luis Donaldo Colosio padre como presidente en funciones. Ni siquiera podemos saber si hubiera podido ganar las elecciones o si las afiladas garras del salinismo a ultranza lo hubieran dejado operar. Lo que sí sabemos es que se convirtió en un mártir del sistema.
Pero el problema no es nada más “conocer a Colosio”, sino conocernos a nosotros mismos como mexicanos electores. En términos generales, el electorado mexicano padece de una condición llamada “percepción ingenua” misma que nos hace oscilar entre la ilusión y la decepción. Esto significa que nuestras decisiones políticas están fuertemente marcadas por nuestras emociones y sentimientos; más que por la razón y la reflexión. Nuestro comportamiento electoral es más emocional que racional y esa es nuestra mayor vulnerabilidad y desgracia.
El “joven Colosio” actual alcalde de Monterrey, parece ser por sí mismo, un hombre inteligente, sensato, prudente, responsable y congruente; y si en realidad lo es, él mismo sabe que aun (todavía) no ha hecho los méritos suficientes para ser considerado como un posible próximo presidente de la república. Así que muy probablemente, el más sorprendido con el resultado de la susodicha encuesta, ha sido él mismo. Por eso muy seguramente, el líder tricolor está preocupado por el capital político que representa la “Trinidad” compuesta por “el padre, el hijo y el espíritu herido de un electorado emocional”
En el subconsciente colectivo del electorado mexicano, el joven Colosio nos representa una especie de “deuda moral” que nos inclina a buscar una reivindicación de nuestra propia “orfandad política”, la retribución por el despojo, una factura pendiente de cobro al sistema, por la herida, por la búsqueda de una justicia que nunca se hizo completa y por nuestra propia victimización electoral.
Por lo tanto, y en ese sentido, el joven Colosio –como un posible candidato presidencial- es actualmente, más un símbolo que un elemento viable. Por eso, aunque resulta muy importante “conocer al candidato” hasta donde sea posible; más importante resulta conocernos a nosotros mismos como electores, saber reconocer de donde vienen nuestras inclinaciones y superar nuestras percepciones ingenuas, para no reventar prematuramente a un posible buen elemento al que debemos darle oportunidad de darse a conocer por sí mismo y por méritos propios y no por los lastres de su tragedia y el calvario del padre. ¿Quién conoce a Colosio?…En eso estamos apenas.

