Por una filtración de una fuente informativa bien ubicada, un diario de Monterrey dio a conocer que dos grandes amigos del ex gobernador de Nuevo León lograron la información privilegiada para aumentar su fortuna bancaria al vender en abril de 2014 al gobierno de Nuevo León en 186 millones de pesos un terreno que acababan de comprar, nueve meses antes (julio de 2013), en 55.3 millones de pesos.
Se trata de Bernardo Castillón Gómez, compadre además del corrupto Rodrigo Medina de la Cruz, y de Juan Manuel García Cañamar a quien, por otra parte, el cínico ex mandatario nuevoleonés, al finalizar su sexenio en octubre pasado, le dio la patente de notario en clara señal de afecto “desinteresado”.
Por más que se digan inocentes y aleguen que inclusive dejaron de ganar más dinero por la venta de sus 120 hectáreas en el municipio de Pesquería, no deja de levantar sospechas de que, al contar con información de primera mano, se pusieron “vivos” y desembolsaron esos 55.3 millones de pesos, a sabiendas de que Rodrigo Medina de la Cruz les platicó los planes de la empresa automotrriz coreana Kia, y a la cual se le regalarían 700 hectáreas para su instalación en Nuevo León, entre otras prebendas oficiales.
Es lógico pensar que aquí la corrupción cabalgó a todo galope. Ni duda cabe. Y también es factible sospechar que el sinvergüenza de Rodrigo Medina de la Cruz se llevó su buen “moche” a través de una protegida red de intereses amistosos. ¿Por qué no es válido llegar a esas conclusión habiendo tantos millones de pesos de por medio y transados en una bien maquillada opacidad?
Lo bueno de todo es que no llegó al poder la “tapadera” de Rodrigo Medina de la Cruz, la también priísta Ivonne Álvarez, ya que la consigna era dejar fuera de toda transparencia la flagrante corrupción que ha estado destapando el nuevo gobierno de Nuevo León en muchos rubros, como ésta que fue bien aprovechada con la supuesta beneficiosa inversión de una empresa transnacional de Corea del Sur.
Pero lo que más perplejo deja al público es el descaro con que los millonarios compadres y amigos de Rodrigo Medina de la Cruz hablan de una ganancia que para ellos “no llega a nada”, cuando más de 60 millones de pobres en México están sufriendo el azote de una política viejísima que los hunde cada vez más en su desesperación por sobrevivir.
Es muy su dinero, de Rodrigo Medina de la Cruz y de sus compadres y amigos, pero su avaricia da la medida de su insensibilidadd y de su falta de ética, que los hace ajenos a las urgencias de los más desprotegidos en nuestro país, pues con su conducta dejan ver que no llenan los políticos y quienes aprovechan los cargos públicos y los de sus compadres y amigos para robar, aunque se muestren muy limpios y distantes de ese verbo de nuestra gramática que tan bien define a los pillos, principalmente a los de cuello blanco.
Claro que les sobran argumentos a todos esos depredadores del erario para justificar sus transar o para hacerlas pasar como legítimas. Pero para el pueblo-pueblo queda claro que la corrupción sigue y seguirá trotando a todo galope en México mientras el mismo pueblo-pueblo se sorprenda solamente con estas noticias pero sin actuar con toda energía, haciendo a un lado a los poderes oficiales que no son más que comparsas de todos los “ratas” que bailan el mismo baile.
Por eso ahora hay que poner mucha atención a las cuentas que deje el gobernador tamaulipeco, Egidio Torre. No vaya a ser que de pronto salte la liebre de esos enjuagues que se hacen desde la cúpula del poder ejecutivo, como lo hizo Rodrigo Medina de la Cruz en Nuevo León. Hay que ponerle lupa a todos los documentos que se queden en los archivos en Ciudad Victoria, y ojalá quien lo suceda, sea del partido que sea, no vaya a protegerle malamente la espaldas en aquello que debe ser denunciado públicamente.
Más vale un escándalo de éstos, que la hipocresía de un sistema que premia la corrupción que anda por nuestro territorio nacional a todo galope.

