Cosechando tempestades

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Hoy que mi interacción en las redes sociales se ha reducido al mínimo, existe una publicación que me persigue pues, al día de hoy, me doy cuenta que fue un error haberla compartido.

Fue algo que escribí durante la pasada campaña presidencial que llevó a Andrés Manuel López Obrador a la presidencia de la República.

En ese entonces, el entonces candidato era bombardeado con toda clase de ataques, rumores, noticias falsas y mentiras por parte de grupos y personajes verdaderamente impresentables.

En el calor de la campaña me quedó claro que los mexicanos debíamos de evitar a cualquier costo mantenernos ajenos a la elección presidencial, que había llegado el momento de tomar una posición pues lo que estaba en juego era muy importante.

Fue por ello que consideré que debíamos de tomar partido pues, esa campaña presidencial era una batalla entre “nosotros y ellos”.

Hoy comprendo que mi error fue no hablar aclarado que una vez que terminó la campaña y la mayoría eligió a un presidente, nuestra obligación era unirnos… pero no alrededor de su figura en una especie de idolatría ciega, como está sucediendo entre muchas personas.

Lo que debimos haber hecho es unirnos en trabajar por el bien del país, reclamando cuando algo no se hace bien, pero haciendo nuestra parte para sacar adelante las cosas, como sucedió durante tragedias como los terremotos que han azotado algunas regiones de México.

Desgraciadamente yo no fui el único que omitió lanzar este llamado.

El presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, se ha encargado de ensanchar la brecha entre quienes lo apoyan y los que no.

Sus discursos son una apología a la división, alentando a aquellos que están de acuerdo con sus acciones a combatir a los opositores, descalificándolos, insultándolos, acosándolos en las redes sociales.

Hoy, las redes sociales siguen siendo el campo de batalla entre estos bandos, donde tenemos patrullas de soldados del teclado que no hacen otra cosa que patrullar Twitter y Facebook listos para combatir al enemigo.

Cualquier tema es bueno para pelear. Desgraciadamente el Covid-19 y el proceso de vacunación se ha convertido en las municiones que estos bandos están usando para darse en la chapa.

Y no es como si cada uno de estos grupos no tenga elementos para criticar. La política del gobierno federal en el tema es una vergüenza y a diario personajes tan inútiles como Hugo López-Gatell son exhibidos en sus tonterías.

Sin embargo, del otro lado están los depredadores de siempre, los que están listos para el “bisnes” a costa de la salud y la desesperación de los mexicanos.

Ambos son vomitables y están cosechando las tempestades que sembraron.

El tema es que el momento que vive el país no es para estar peleando, divididos, pensando en nuestro beneficio personal.

Deberíamos estar juntos, haciendo lo que nos compete para intentar salir vivos de esta crisis, que está en el peor momento desde que inició hace casi un año.

Pero me queda claro que estamos en México. El país donde nunca es nuestra culpa, donde el gobierno es ratero, donde es más fácil reclamar desde un teclado que asumir nuestra responsabilidad.

Por eso estamos muriendo. Porque nunca entendimos que unidos nos mantenemos, pero separados… caemos.

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