Se extraña a Carlota, la esposa de Maximiliano de Habsburgo.
Así como tienen fascinación por la partida de la Reina Isabel II, mientras compran todas las revistas Hola para despedirla, y otros sacan sus “selfies” de la visita al Palacio de Buckingham.
Si les gustan las series les recomiendo “The Crown”, sobre todo en la parte donde sale la Princesa Diana. Ya me imagino revolcándose en la tumba, cuando sepa que a Camila es la reina consorte.
La BBC está restaurando su imagen, mientras salen memes del ahora Carlos III, nuevo monarca del Reino Unido haciendo corajes al firmar ciertos documentos o porque le estorba el tintero.
Pero volviendo a lo nuestro, si vieran cómo se veía la Carlota paseando por los pasillos del Castillo de Chapultepec allá por el siglo XIX.
Fue el 10 de abril de 1864, cuando Maximiliano de Habsburgo fue coronado con su esposa como emperadores.
La joven princesa belga fue llamada “Su Real Majestad Imperial”, Carlota de México, entre otros títulos nobliarios.
La mera verda’ yo tenía ansias locas de visitar el Castillo de Chapultepec y fui con la Rosa María a conocerlo un fin de semana. Me llevó no sin antes probar unas ricas enchiladas de mole poblano con su respectiva Diet Coke.
Como “juimos” en época de vacaciones hicimos una larga fila, donde habían extranjeros, españoles, japoneses y hasta gringos. ¿Qué vienen a ver los güeros, cómo vencieron a los mexicanos en el Castillo? Y claro de paso comprase un souvenir de AMLO, “llévelo, llévelo”.
Pensaba que no íbamos a alcanzar, pero un vigilante nos dio esperanzas de que “todos los que estén formados, van a ingresar”.
Mientras veías una gran vendimia de frituras y aguas de sabores, apreciamos una placa de Juan Escutia quien dicen se envolvió en la bandera, uno de los seis jóvenes cadetes que combatieron contra los gringos para defender el Colegio Militar.
Durante la Guerra entre México y Estados Unidos de 1846-1848, se perdió más de la mitad del territorio nacional. Pero esa es otra historia donde se culpa a Antonio López de Santa Anna, que por cierto los texanos tienen su propia versión en El Álamo, quesque se defendieron de los graves ataques de los malditos mexicanos.
Pero bueno si tienen oportunidad visiten El Castillo, donde se asombrarán de la calidad de la exposición en el ahora Museo Nacional de Historia: conocerán el carruaje que usó Maximiliano y Carlota, su recámara principal, su comedor, sus estancias de juegos, su tina de baño, su vajilla de plata y muchos más objetos que te dan una idea de la atmósfera de la época.
Por cierto les recomiendo leer “Noticias de un imperio” del escritor mexicano Fernando del Paso:
“Hoy ha venido el mensajero a traerme noticias del Imperio. Vino, cargado de recuerdos y de sueños, en una carabela cuyas velas hinchó una sola bocanada de viento luminoso preñado de papagayos”.
Les fascinarán las imágenes. Fuera de la forma de ser de la emperatriz, que si se volvió loca. Tenía una paranoia a partir del trauma sufrido por el fusilamiento de su amado Maximiliano, además por no contar de apoyo para mantener el endeble Imperio Mexicano.
Fue en el Cerro de las Campanas, Querétaro, donde el Archiduque Maximiliano de Habsburgo fue fusilado, al lado de los generales conservadores Miguel Miramón y Tomás Mejía.
“Voy a morir por una causa justa, la de la Independencia y la libertad de México. Que mi sangre selle las desgracias de mi nueva patria. ¡Viva México!”, citan los historiadores como las últimas palabras de Maximiliano.
Ni él ni Carlota tuvieron la culpa de haber sido engatusados a gobernar este país, pensado que podían hacer un gran imperio en América:
“La nave va en los mares, botando cual pelota/ Adiós mamá Carlota adiós mi tierno amor/ Y en tanto los chinacos ya cantan su victoria/ Guardando tu memoria sin odio ni rencor”.


