Aunque aún faltan algunos meses para saber quién gobernará Nuevo León, desde hace tiempo han estado deambulando por la entidad diez problemas que andan en busca de un gobernador o gobernadora que los atienda, pero sobre todo que los entienda.
Por ello, los votantes tenemos la obligación cívica de razonar el voto y elegir a quien tenga las cualidades y reúna al mejor equipo para gobernar. Votar con el estómago o con el hígado, no sólo castiga a los mejores candidatos, sino que finalmente los castigados somos los ciudadanos, porque finalmente somos quienes vamos a padecerlos.
Enunciaré los problemas, no por orden de importancia, porque todos lo son.
Crisis financiera. El próximo gobernador recibirá un estado con las finanzas públicas seriamente comprometidas, por una caída mayúscula en los ingresos fiscales, tanto por la baja captación motivada por la desaparición de empresas pequeñas y medianas, como por la disminución de las participaciones federales. Hay que sumar a este panorama el monto de la deuda pública estatal, que se ha incrementado considerablemente y que supera por más de 20 mil millones de pesos a la deuda que dejó el gobierno anterior.
Crisis sanitaria. De acuerdo a las cifras oficiales en Nuevo León se contabilizaban más de 8 mil fallecidos y más de 157 mil personas contagiadas por el virus Sars-Cov-2. Algunos expertos han mencionado que hay un subregistro de contagiados y fallecidos, por lo que las cifras reales son superiores. La pandemia demostró la falta de infraestructura hospitalaria, de personal médico y de medicamentos suficientes para otras enfermedades, como el cáncer, que sigue cobrando vidas.
Inseguridad creciente. Con la pandemia, en encierro y el cierre de negocios se han incrementado el robo a personas, el robo a negocios y el robo de vehículos, y cada vez con más frecuencia de manera violenta. También se han incrementado los casos de feminicidios, violencia familiar, violaciones y el maltrato de menores. Un Nuevo León seguro es indispensable para atraer a inversionistas, crear fuentes de empleo y formar capital humano. No se puede construir ningún futuro si en el presente no se garantiza niveles óptimos en la seguridad pública.
Crisis económica. En todos los países, la economía ha decrecido, aunque no tanto como se está desplomando en el nuestro. Cerramos el 2020 con un PIB de casi -8.5%, comparado a diciembre de 2019, según datos del INEGI. En Nuevo León, que es uno de los principales motores de la economía nacional, el PIB estatal a cayó hasta el -6.7%. Dicen los expertos que una caída así de la economía no se veía desde la década de la crisis de 1929. Por si fuera poco, desde “las mañaneras” en el Palacio Nacional, se ha descalificado al sector empresarial, se les ha estigmatizado como una clase explotadora, abusiva, conservadora, neoliberal, fifí, etc., lo que aumenta la desconfianza del sector privado.
Desempleo. Vinculado al tema de la crisis económica está el desempleo. En 2020, el IMSS reportó la pérdida de 647,710 empleos formales en todo el país. En Nuevo León desaparecieron 22,568 empleos. A estas cifras hay que sumar los que dejaron de crearse para atender la demanda de nuevos profesionistas. Se estima que se requiere la creación en promedio, de un millón de nuevos empleos por año a nivel nacional.
Movilidad sustentable. Tener una movilidad sustentable impacta directamente en la economía de las familias, al reducir sus tiempos de traslado. Pero en Nuevo León hay un retroceso. No se ha logrado poner en marcha la línea tres del metro, considerando que en el 2015 , además de las constantes fallas registradas en las otras dos líneas de ese sistema de transporte. La Ecovía, que recibió el gobierno en pleno funcionamiento, ha sido prácticamente desmantelada. No hay dialogo con los permisionarios del transporte urbano, quienes ofrecen un servicio de mala calidad a los usuarios.
Crisis educativa. En Nuevo León, la educación básica está en crisis. La estrategia de trasladar la escuela a la casa dejará resultados son sumamente preocupantes. Además del deterioro en cualquier área del conocimiento, se han incrementado los casos de abandono escolar y reprobación, especialmente en las familias donde no tienen computadora para seguir las clases de sus maestros, o en los hogares donde los padres perdieron sus empleos y los estudiantes tienen que salir a buscar, junto a sus progenitores, el sustento diario. Esta situación disparará la desigualdad e inequidad del sistema educativo. Además están los problemas ansiedad y depresión propiciadas por el encierro, la violencia o los problemas emocionales generados por la pérdida de algún ser querido.
Mala calidad del aire. La mayoría de los días del año, los nuevoleoneses del área metropolitana de Monterrey respiramos aire sucio y contaminado, lo que afecta seriamente la salud de miles de personas, impacta en los costos de los servicios de salud y deteriora la calidad de vida de miles de familias. Se necesitará una política ambiental congruente y efectiva, de lo contrario, vamos camino al abismo.
Incremento de la pobreza urbana y rural. La pandemia además de dejar un penoso rastro de muerte y desolación, ha dejado el cierre de empresas, desempleo y crisis económica. El próximo gobernador o gobernadora debe implementar de inmediato un programa de reconstrucción del entorno económico, con especial atención a la población que se han incorporado a las filas de pobreza y pobreza extrema, tanto en las ciudades como en el campo y no solo con programas asistenciales.
Reconstrucción de las relaciones con la federación, la iniciativa privada y organizaciones de la sociedad. Finalmente, el siguiente gobernador o gobernadora, deberá reconstruir los canales de comunicación y colaboración con el gobierno federal, la iniciativa privada y organización de la sociedad para establecer un diálogo permanente, constructivo y productivo que beneficie a las y los nuevoleoneses.
No son los únicos, pero todos estos problemas requerirán que el próximo gobernador o gobernadora, llegue con un equipo de profesionales y con ideas claras de cómo volver a hacer de Nuevo León un estado líder en todos los ámbitos.
El autor es funcionario público abogado y tiene una maestría en Educación.


