La forma más directa para promoverse para un cargo de elección popular es formar parte del servicio público, ello le da al aspirante exposición y la ventaja de trabar relaciones o compromisos, pero sobre todo la oportunidad de servir, que si lo hace con gusto se creará un ambiente amigable que luego verá con agrado que esté en sus planes ser diputado o presidente municipal, que aquí en Reynosa, la alcaldía es la posición más asediada y envidiada.
Sin embargo, no todo va a ser miel una vez materializada la aspiración, al contrario, encontrarán con que no saben ni por donde empezar y finalizaran tirándole a todo y pegándole a nada, como lo refleja el estado urbano de la ciudad, que si bien no es culpa de la actual administración municipal, en la siguiente pasará a formar parte del tradicional tiro al blanco, o sea, culpar a los que se fueron.
Ahora bien, es público y notorio que administración tras administración la insuficiencia presupuestaria ha sido la causa del atraso urbano, no se cuentan con los recursos acordes para una ciudad de crecimiento exponencial aunque también ha influido que ningún alcalde ha llegado con espíritu de planeación, esto es iniciar obras que se concluirán en el futuro.
Sobre esto platiqué en una ocasión con un alcalde cuya característica era la sensatez, externó estar consciente de lo importante que es planear el desarrollo urbano, como el pavimentar colonia por colonia incluyendo reparar el drenaje, pero que la presión social lo orillaba a desarrollar obras de pavimentación en diversas colonias a la vez que a los tres o cuatro años ya estarán deterioradas, es decir, tirándole a todo y pegándole a nada.
Por todo lo anterior, quienes pretendan ser presidente municipal de Reynosa, aparte de la promoción personal debieran ir pensando en dejar de lado los aplausos y optar por programar el futuro de la ciudad sobre todo en el rubro de seguridad pública, que por no atenderse tiene a la gente al borde del colapso emocional, esto ya no es cosa de obras materiales sino hay seguridad al circular por ellas, y con una población desmoralizada no puede haber crecimiento económico ni social.


