AMLO no tenía otra opción mas que enfrentar con su estrategia a los huachicoleros cerrándole las llaves para acabar con la ordeña de los ductos de PEMEX. Y cierto, seguramente le falló no estar preparado con la escasez de combustible en los Estados afectados del centro y occidente del país.
En lo personal creo que esta acción estuvo acordada con grupos delictivos que se dedican a esa práctica porque no ha habido reacciones violentas, contrario a 2006 -en el inicio del sexenio de Felipe Calderón Hinojosa-, cuando México se empezó a incendiar empezando por Michoacán.
El presidente Andrés Manuel López Obrador quiere recuperar lo que le pertenece a la Nación y está en su legítimo derecho de hacerlo, que no es lo mismo que combatir un problema mundial que el trasiego de drogas que pasan por tierra, aire y mar rumbo al gran mercado de Estados Unidos.
Por eso reitero que esta ofensiva contra los huachicoleros tendría la aprobación de grupos delictivos -y no me refiero a cárteles de la droga-, pues de lo contrario habría bloqueos de carreteras, pipas y estaciones de servicio incendiadas a propósito y bajas en las fuerzas militares y federales como represalia.
Por el bien de México todo ha estado en relativa paz desde el 20 de diciembre pasado que empezó el plan de López Obrador para evitar el robo de combustible, reafirmando la hipótesis que desde dentro de PEMEX estuvo administrado el negocio de robarle a la Nación lo suyo con la complacencia de sexenios pasados.
Sin embargo el mandatario, quien ya expresó que tiene miedo por alguna represalia, deberá tomarse las precauciones que la acción amerita, pues está queriendo erradicar un negocio ilícito de millones y millones de dólares, y a nadie la gustará que afecten sus intereses,… en este caso mal habidos.


