En caída libre…

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Ayer me aventé maratónicamente la tercera y última temporada de “Luis Miguel, la serie”, y aunque tiene algunos importantes errores de producción ridículamente baratos (por ejemplo: yo no sabía que Luis Miguel de recién nacido, era un mono de plástico tieso), me parece que la historia de su debacle financiera, su deterioro físico y emocional y su encuentro con la más sórdida soledad, está bien contada. Hasta me sacó algunas lágrimas de vez en cuando.

Es bueno y merecido disfrutar al máximo de la gloria, la fama, el éxito y la fortuna siempre y cuando se esté consciente de que todo por servir se acaba, especialmente cuando estos aturden. Esta serie es la historia de alguien bendecido por un gran talento y a la vez quebrado por dentro por un maldito daño emocional estructural de fondo que al parecer se utiliza para explicar o “justificar” la imposibilidad de formar vínculos afectivos sólidos y duraderos.

Lo “mismo” sucedió –con sus distintas historias y toda proporción guardada- a Elvis Presley, a Whitney Houston, a José Alfredo Jiménez, a Michael Jackson, a Britney Spears y a tantos otros y otras que luego de alcanzar un éxito rotundo, se vienen abajo en caída libre, acompañados únicamente por sus propios demonios internos…de hecho en comparación con estos casos, donde muchos terminaron muertos a consecuencia de sus vicios y conductas autodestructivas; en ese sentido, la historia de Luis Miguel no es ni la peor y quizás tampoco la más triste. Ahí tenemos el caso de José José, quien después de haber sido tormenta y de haber sido tornado, luego fue un volcán apagado.

Solo me queda una duda: No sé si perdonar o no a Luisito Rey. Como que lo trataron de reivindicar con dos o tres escenas y argumentos. Pero, la gente es como es, hay niveles.

En resumen, a mí como espectadora, la serie me gustó. Excelente trabajo de Diego Bonetta y el elenco en general. Ojalá que la participación que haya tenido Luis Miguel al “abrir” su versión de vida al conocimiento público (además de las regalías que puedan subsanar su situación financiera), fuera terapéutica, le sirviera de catársis, introspección, retrospección y reconciliación consigo mismo y su propia “historia”.
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