Fui invitado a la ceremonia protocolaria de entrega de reconocimientos a ex jugadores de fútbol americano del estado de Tamaulipas en nuestra ciudad que involucra a protagonistas de este deporte de los Gorilas del Tecnológico de Matamoros y los Buitres de la Facultad de Medicina; evento a cargo de la agrupación del “Salón de la Fama del Fútbol Americano” delegación Matamoros. Una ceremonia en la que la emoción, la nostalgia y los recuerdos eran marco propicio para el reencuentro de quienes en otros tiempos combinaron magistralmente dos disciplinas: El deporte y los estudios.
Ahí me enteré con mucha satisfacción que el Ing. Armando Guajardo González, de quien presumo su cálida amistad, fue gran impulsor de este deporte en nuestra comunidad, de quien debo reconocer me cautivo con sus palabras seleccionadas para darle un digno marco de referencia a esta actividad.
Exjugadores de Gorilas Salvajes y Buitres, hoy profesionistas egresados del Tecnológico y Medicina; ambos equipos supieron en su momento exaltar el deporte y la educación habiendo sabido ser fruto de un paciente y laborioso trabajo, que ambas instituciones, por más de cincuenta años con mucha convicción y dedicación supieron dar una buena educación con el único propósito de tener los mejores estudiantes y ciudadanos como hoy lo son todos esos ex jugadores de ambos equipos que ahí se encontraban, y de quienes podemos afirmar con gran fervor que han formado parte de la historia de éxito de estas instituciones educativas eminentemente matamorenses, las dos fundadas en 1972.
Sesudo lector, estamos de acuerdo y debo plasmar en la presente columna que todos los que en su momento se incorporaron al equipo de fútbol americano, incluyendo a los Toros de la preparatoria Juan José de la Garza en donde algunos de los homenajeados también formaron parte de la historia de éxito de sus respectivas instituciones educativas pues, tal y como lo dijo Don Armando, son paladines, varones que se distinguían por sus hazañas valientes y nobles. Hermanados por las aulas y el emparrillado.
En este evento era evidente que en cada mesa se revivía a los jugadores con sus fascinantes virtudes acompañadas de sus glorias y sus aciertos, que hace mucho les dieron ese empaque de sana alegría universitaria que permitía una encantadora fraternidad de indiscutible unión entre alumnos, maestros y padres de familia.
Sobran razones para crear el “Salón de la Fama” y creo que uno de los principales motivos para su existencia es honrar dignamente y con solemnidad a las figuras deportistas de antaño, y de esta forma crear un aliciente para los jugadores de fútbol americano del momento y dotar de un espacio histórico físico o virtual.
Cabe mencionar que no todos los que compartieron esta gloria pudieron estar presentes, por esa razón se hizo homenaje póstumo a los ya fallecidos. En las mesas todos los que asistieron recordaban su momento de gloria estudiantil ligada al fútbol americano y a su época. Muchas historias son parecidas referente a cómo iniciaron, unos en campo de lija otros en pasto árabe, también trajeron a la memoria como eran los cascos cuando empezaron a jugar, muchos de ellos eran más bien regalos de ligas mayores y se cuidaban como si fuera un tesoro.
Estar con todos estos profesionistas unidos por una historia en común, ligada a su Deporte que les dio disciplina y una hermandad que perdura para toda la vida me atrapó la atención del antropólogo y filósofo que me habitan; su mirada, su rostro y lo profundo de su fisonomía proyectaban la plenitud existencial de una biografía que los enaltece y que me parece muy saludable recordarlo, y por medio del Salón de la Fama del Fútbol Americano dejar ese gran legado como estímulo para las futuras generaciones.
Querido y dilecto lector, mención especial merecen aquellas mujeres que se casaron muy jóvenes con estos jugadores y les tocó lidiar con toda la pasión de este deporte. Felicidades a Juan Castillejos, Presidente del Salón de la Fama del Fútbol Americano Nacional por el esfuerzo que hace para no dejar en el olvido estas vivencias que no deben quedarse solo en el pasado.
El tiempo hablará.


