Háganle como quieran

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Este jueves no vi demasiadas noticias. Con las que he estado viendo en los últimos días, y con la cantidad de publicaciones basura que circulan en redes (unas malignas, otras ingenuas, otras nada más pendejas), asumí que en esta epidemia tengo que pensar cómo sobrevivir con la menor ayuda posible. Las últimas noticias me convencieron de que esto de veras va para largo; la más reciente basura de las redes me confirma que cuando esto pase seguirá otra crisis más difícil de superar, no la económica sino la de una discordia social que se ha estado sembrando sistemáticamente.

La verdad es que esta epidemia me ha enseñado mucho. He confirmado, por ejemplo, la avidez de instituciones bancarias que literalmente acosan a la gente para empujarlos a contraer deuda con ellas. Tres o cuatro veces al día me llaman para ofrecerme maravillosos créditos que, por supuesto, acabarán siendo una carga para mi economía. Exactamente el mismo principio que algunos proponen al gobierno mexicano para “salvar” la economía nacional con deuda.

Y a propósito, yo supuse que los empresarios del Consejo Coordinador Empresarial habían desistido de su fallido intento para que el Estado Mexicano adquiera más deuda. Pero me entero de que no, que ahora buscarán la alianza (¿complicidad?) con gobernadores para que sean los estados los que adquieran deuda. Siguen insistiendo en salvar a las Pymes. Pero creo que el verdadero propósito se transparenta en palabras del líder de la Concanaco-Servytur, José Manuel López Campos: “Ante esta situación, las empresas que hoy están cerradas y aquellas que están en funcionamiento por considerarse esenciales, requerirán de financiamiento para poder tener liquidez, al tener ingresos menores a los que obtienen regularmente para alcanzar su punto de equilibrio”.

He sabido de pequeños empresarios que, frente a la contingencia, han llegado hasta el llanto por no poder pagar a sus empleados. Otros han recurrido a vender lo que sea para mantener su planta laboral. El daño causado por la crisis económica mundial, sumada a la del Covid 19, ha sido tremendo. Si algunos de estos pequeños empresarios han recurrido a un crédito oficial, deben tener bien medidas las consecuencias, y deben haber asumido que el dinero no es una dádiva del gobierno sino fondos del erario que intentan inyectar liquidez en donde el dinero se mueve, no donde se acumula. Corren riesgos, y asumen consecuencias. Y más si el crédito al que recurren es privado.
Entre los grandes empresarios, nadie, que yo sepa, ha llorado por tener cerrada su empresa. No sé de alguno de estos jerarcas económicos que haya buscado medios ingeniosos para mantener su planta laboral intacta y productiva. A esos niveles, la planta laboral sólo son cifras impersonales. No son ya los viejos empresarios paternalistas que hasta se tuteaban con el intendente.

Yo no asumiría que las grandes empresas mexicanas han generado la riqueza del país. La distribución de la riqueza nunca ha sido tan desigual como en las últimas décadas. Los grandes capitales mexicanos, enlistados entre los más ricos en el mundo, no son un orgullo son un insulto a los mexicanos. Tan insultante como la proliferación de políticos enriquecidos en la función pública, directamente o a través de hijos o parientes (Y no hablo de Manuel Bartlett, pero…).

Por supuesto que no creo en los empresarios metidos a redentores. La “salvación” de las Pymes sólo deja a estas empresas proveedoras expuestas a la voracidad de las grandes empresas que, si se resisten a pagar impuestos, más aún a pagar a proveedores. De los políticos, ni hablar, ellos también han quebrado a muchas empresas proveedoras durante las campañas electorales. Y no, no es lo mismo, pero es igual.

Aquí todo parece indicar que, en tanto que los pequeños empresarios invierten y apuestan contra el riesgo, los grandes capitales no desean correr riesgo alguno y, además, pretenden que la inversión reditúe siempre. No creo que les importe mucho la suerte de los trabajadores, como no sea para generar una plusvalía que no va a parar al bolsillo de los trabajadores (Marx dixit). Si les importara, no hubiesen permitido que los derechos laborales se devaluaran en sólo un par de décadas.

Estamos frente a una catástrofe económica que, aunque ya la vivíamos, la acentuó la epidemia. La pretendida nueva alianza de empresarios y gobernadores se veía venir. El frenesí mediático y político sigue enfermando de mezquindad a muchos mexicanos y enfrentándolos contra otros mexicanos. El propio gobierno federal, que debería establecer un equilibrio, muestra firmeza al enfrentarse a sus famosos “conservadores”, pero en algo tan delicado como la reactivación económica en medio de una epidemia, lo deja a criterio de los estados. Ya en Monterrey se han dado pasos para esa reactivación, pero no consultando a autoridades de Salud, ni estatales ni federales, sino a cámaras de comerciantes y empresarios. A final, lo que empieza a mostrarse es que tanto esfuerzo de mill

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