En pleno 10 de Mayo, me dijeron algo que me pegó de golpe, duro y directo, “seco el guayabazo” como luego dicen: “a tus hijos les falta todo el amor del mundo”, y me dolió.
No sé en qué se basó esa persona para decir algo así, pero hizo que me detuviera a analizar el comportamiento de mis hijos diariamente, el que tuvieron con esa persona y también el mío.
Quien conoce a mis hijos o ha tenido la oportunidad de tratarlos seguramente sabe que los tres son totalmente diferentes y que como es lógico, cada uno tiene su personalidad.
Pero todos son niños parlanchines, inquietos, muy inteligentes, observadores, independientes y muy, muy, pero muy cariñosos.
Yo soy una mamá trabajadora, por lo que no estoy con mis hijos el día completo, pero las horas que si, trato de llenarlos de amor y cariño, aunque no por eso dejo de lado la disciplina.
Los besos, abrazos y mimos están presentes en nuestros días, pero también los reprendo cuando es necesario.
El análisis de nuestra rutina le arrojó a esta persona como resultado que no estaba lo suficiente con ellos, pues la pasaban en el kínder y la guardería.
Mi jornada laboral me permite recogerlos, acompañarlos toda la tarde y por supuesto la noche, y está pensada exclusivamente en ellos, pues hasta antes de ser mamá mi horario de trabajo era totalmente diferente.
Quizás los abrazos y besos en exceso que está persona recibió de mis hijos la hicieron pensar que lo hacían por falta de amor, yo creo que lo hicieron porque así han sido educados y porque ellos dan lo que reciben: amor.
De la página de Facebook La Vida en Bettylandia


