Humillado y ofendido

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Tal como lo había profetizado, empezó la pesadilla de mi cita para vacunarme contra el Covid-19. El gobierno de San Nicolás intentó hacer un operativo ordenado, pero, de entrada, eso de que la inscripción digital fuera la manera básica, ya amenazaba con complicar las cosas para muchos.

Los viejos siempre estamos desfasados hasta con las tecnologías más simples, y no todos tienen nietos pacientes que les ayuden.

El inicio de la inscripción fue un desastre, pero se corrigió. Los que pudieron hacerla, quedaron un poco más tranquilos; yo un poco menos, porque no recibí ninguna constancia de que realmente hice mi solicitud.

La verdad me pareció arriesgado que se nos diera a elegir lugar, día y hora para la vacunación. Suena muy cómodo para los usuarios del servicio, pero deja a los operadores con poco margen de maniobra, tanto en el despliegue del personal como en la disponibilidad de dosis.

Era tan fácil asignar directamente las citas de acuerdo a la dirección del usuario, luego ajustarlas considerando sus limitaciones particulares.

El día y la hora tampoco se puede dejar al criterio del usuario del servicio, porque depende del personal con que se cuenta, su eficiencia para dar el servicio, y la disponibilidad y movilidad de las dosis.

Así amanezco este sábado, el tercer día luego de lograr inscribirme vía internet, humillado por los estrategas municipales, sin recibir aún la confirmación de la cita, enterado de la insuficiente e incomprensible explicación del gobierno municipal, y en la zozobra de que no alcance a vacunarme.

Yo supongo que el gobierno municipal hará rodar cabezas de su personal por este desastre; en cambio, los ciudadanos no tenemos a quién facturar esta ofensa, más que al propio gobierno municipal y sus secuelas en campaña.

Mi único consuelo es que la vacuna me garantiza tanta inmunidad como un té de corazón de carrizo, y que ya le he agarrado cariño a esta vida de anacoreta embozado y con Trastorno Obsesivo Compulsivo por la desinfección.
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