En los últimos años, la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) ha dado un giro estratégico en sus misiones de seguridad y defensa de la nación.
Esta columna ha tenido acceso a documentos internos que revelan cómo la inteligencia militar se ha convertido en el eje central de la batalla contra el crimen organizado.
Estamos ante un nuevo paradigma que involucra las tres Fuerzas Armadas que organiza y administra esta secretaría de Estado: el Ejército Mexicano, la Fuerza Aérea Mexicana y la Guardia Nacional. Por décadas, las actividades de la Sedena estuvieron orientadas a proteger al país de amenazas externas, combatir la subversión y auxiliar a la población en casos de desastre.
Sin embargo, ahora lo sustantivo es procurar la seguridad interior del país y combatir al crimen organizado, tareas antes confinadas a la seguridad pública, es decir, las corporaciones policiacas y ministeriales.
El documento “PSO Aspectos Militares”, de carácter confidencial, identifica las principales amenazas al Estado mexicano que observa la Sedena: narcotráfico, terrorismo, falsificación de moneda, lavado de dinero, tráfico de armas, trata de personas y tráfico de órganos.
No sólo son delitos; son redes complejas que corroen las estructuras del país. La dependencia ha decidido enfocar su sistema de inteligencia en la “erradicación, intercepción y combate” de estas actividades, y los resultados comienzan a ser visibles. Pero, ¿cómo funciona esta estrategia?
El documento DNP3500, también confidencial, detalla que el narcotráfico es una prioridad absoluta. No es para menos: las redes de cárteles no sólo controlan el tráfico de drogas, sino que han diversificado sus operaciones hacia el robo de combustible, la extorsión y el secuestro.
La Sección Segunda del Estado Mayor de la Defensa (Inteligencia Militar) busca información sobre áreas de cultivo, rutas de tráfico (terrestre, aérea, marítima y lacustre), y la estructura interna de los cárteles.
Es una guerra de datos, donde la inteligencia es el arma más poderosa. En este escenario, la Sedena opera bajo tres pilares: erradicación, intercepción y combate directo.
Pero no se trata meramente de desmantelar laboratorios o capturar capos. La estrategia va más allá: capturar a quienes participan en actividades como el terrorismo, el lavado de dinero o el tráfico de órganos. Esto incluye no sólo a los líderes, sino a toda la cadena de operación.
Es un enfoque integral que busca cortar de raíz las fuentes de financiamiento y operación de estas organizaciones. Sin embargo, el crimen organizado no es la única amenaza. Las instalaciones estratégicas del país, como Petróleos Mexicanos (Pemex) y la Comisión Federal de Electricidad (CFE), están en la mira de grupos delictivos.
El robo de combustible, por ejemplo, ha dejado pérdidas millonarias y ha expuesto la vulnerabilidad de estas infraestructuras. En 2019, la Secretaría de Marina (Semar) desplegó más de 2 mil 600 efectivos y 15 aeronaves para proteger estas instalaciones.
Aún así, el desafío es enorme. Aquí es donde la inteligencia estratégica juega un papel crucial. Más que reaccionar a los ataques, se trata de anticiparlos. La Sedena ha comenzado a generar análisis prospectivos, identificando áreas críticas y puntos vulnerables.
Esto incluye no solo las instalaciones físicas, sino también el ciberespacio, donde los ataques virtuales pueden ser igual de devastadores.
Pero hay un aspecto especialmente relevante: la colaboración interinstitucional. La Sedena no actúa sola. Trabaja en conjunto con dependencias federales y estatales, compartiendo información y coordinando operaciones. Este enfoque colaborativo es esencial para enfrentar un enemigo que no conoce fronteras ni límites.
Por varios sexenios, las instituciones de seguridad nacional, interior y pública escasamente se coordinaban. Por el contrario, competían entre ellas, se esmeraban en colgarse medallas a costa de sabotearse una a la otra.
Trascendió incluso a la opinión pública la desconfianza y la mala relación entre soldados y marinos que alentaron gobiernos como el de Vicente Fox y Felipe Calderón.
Hoy la coordinación operativa y la colaboración informativa son nodales en la estrategia anunciada por Claudia Sheinbaum, presidenta de la República y comandanta suprema de las Fuerzas Armadas.
Exige trabajo conjunto de todas las dependencias que realizan labores de inteligencia en el país: Sedena, Semar, Centro Nacional de Inteligencia (CNI), Unidad de Inteligencia Financiera (UIF), Relaciones Exteriores y Fiscalía General de la República. Y contra el crimen organizado, la inteligencia militar lleva mano.


