La falacia de las escuelas de tiempo completo

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Cuando Felipe Calderón anduvo en campaña, una de sus promesas incumplidas (además de que sería el presidente del empleo y que crearía más guarderías para madres trabajadoras, con las consecuencias que vimos en la guardería ABC), fue implantar las escuelas de tiempo completo en el país.

En Tamaulipas las escuelas de tiempo completo en prácticamente todos los casos son una falacia, una mentira, una utopía.

El presupuesto que el gobierno federal y estatal tienen que brindar a ese programa sólo resultó verdad en otorgar otra plaza a los maestros de primaria que atienden grupos de escuela de tiempo completo, con obviamente, un sueldo más, mientras que no se ha construido la infraestructura necesaria donde los niños puedan tomar sus alimentos en un espacio limpio, con un comedor que cuente con todas las instalaciones adecuadas.

Y para ello, un ejemplo, la escuela Leona Vicario, de gran tradición en Ciudad Victoria.

Este plantel que es considerado escuela de calidad, ni siquiera cuenta con un proveedor de alimentos que brinde comida con todos los nutrientes que exige una buena alimentación. Por ello los padres tienen que llevarles lonche a sus hijos para que puedan resistir otras tres horas dentro del plantel.

Los niños andan haciendo malabares con su comida, tratando de acomodarse en una jardinera donde puedan colocar sus alimentos y comerlos con más o menos comodidad, olvídese de la higiene, nunca el jardín proporciona la limpieza necesaria para comer tranquilamente.

Y eso no es lo peor.

Las escuelas de tiempo completo fueron pensadas para que nuestros niños contaran con una educación de mejor nivel, quisieron copiarle el modelo a Estados Unidos, pero adaptado a la realidad mexicana: Sin infraestructura, sin maestros capacitados adecuadamente, sin opciones de ampliar los conocimientos de los niños en esas horas extras que ahora se quedan en el plantel educativo.

En ocasiones el tiempo es empleado en dormir una siesta, a los maestros se les acaba la creatividad y no hayan qué más enseñarles a los niños.

Los padres de familia se quejan de que, por un lado, tienen que andar corriendo llevándoles lonche a sus hijos en horas de oficina, y por otro, tuvieron que sacarlos de clases de inglés, de danza, y otras actividades complementarias a su formación que tomaban por las tardes, para que en su lugar reciban una atención escolar que no reúne el nivel de calidad que ofrecieron cuando anunciaron la aplicación del programa.

En Tamaulipas hasta junio del 2013 eran 401 primarias dentro del programa de tiempo completo, cuyo horario es de las ocho de la mañana a las cuatro de la tarde, tres horas más que el horario normal de clases.

El gobierno prometió en ese tiempo extra brindarles alimentos y clases con carga curricular, pero el programa nació fallido, no hay infraestructura en los planteles educativos, no cuentan con nutriólogos que supervisen la calidad de los alimentos, los padres tienen que asumir el costo de la comida. Total, un absoluto desbarajuste.

Además de evidenciar aún más la brecha entre mexicanos, porque es un programa que favorece a determinados planteles, maestros, directores y directoras, muestra que en este país hay niños que son considerados por las propias autoridades educativas de primera y niños de segunda y de tercera.

Porque si de tener escuelas de tiempo completo se tratara, el programa debería operar en esas condiciones en todas las escuelas en México.

El programa de tiempo completo requiere una revisión a fondo, por lo pronto en Tamaulipas no se podrá ampliar porque no existen las condiciones para hacerlo.

Me pregunto, para qué insistir con algo que nació mal planeado como la estrategia de seguridad de Felipe Calderón, mejor dar reversa, revisar qué se puede hacer aplicable a todas las escuelas primarias del país y no continuar experimentando con nuestros niños.

Correo electrónico: [email protected]

Twitter: @derrotero_mx

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