Estamos ante toma de decisiones que mueven masas. Unas a favor otras en contra. Pero, hay que decirlo, estas decisiones no representan cosas sencillas y sí, definitivamente, manifiestan una nueva manera de hacer política. Nos guste o no.
Muchas veces esta toma de decisiones desgastan al político, máxime cuando no hay legitimidad o los modos de asumir el poder resultaron un tanto cuanto turbio. Hace años, Salinas tuvo que meter a la carcel a “La Quina” para asumir su legitimidad: recordemos que dicen los que saben que las elecciones de 1988 las ganó el nacienciente PRD, encabezado por Cuahtémoc Cárdenas, después de la “caída del sistema” protagonizada por el hoy Director de CFE, Manuel Bartlett.
Por otro lado, ni Zedillo (1994) ni Fox (2000) ni Peña (2012) necesitaron ese tipo de decisiones pues ganaron de manera clara sus respectivas elecciones, aunque -claro- en circunstancias totalmente distintas.
Por su parte, Calderón (2006) sí requirió de una decisión radical, pues no tenía ni legitimidad ni su triunfo había sido claro. Lo que hizo fue mandar al ejército a las calles para iniciar su “guerra contra el crimen organizado”, que aún padecemos.
Hoy López Obrador tiene legitimidad y y sumémosle que tiene un gran bono democrático, además de la mayoría en el Congreso de la Unión. Comparado con Fox – que también tenía ese bono y que no supo aprovechar-, AMLO está tomando, hemos dicho, decisiones, audaces. Nos gusten o no. Sean populares o no.
Que si se está equivocando, aún no lo sabemos. Que si son decisiones que toma muestran su cortedad estratégica, tampoco lo podremos juzgar en este momento. Que si lo que hace son caprichos demagógicos, aún es muy temprano para juzgar. Está tomando decisiones ese es el gran tema.
Aquí lo qué hay que considerar es que en esta inercia democrática, todo está sobre la mesa, que es muy pronto para juzgar (para bien o para mal) y que si las cosas resultan los grandes beneficiados serán los ciudadanos. Y que el proyecto MORENA se está comenzando a fraguar.
Debemos, ya lo decíamos, ser críticos. No criticones. Debemos estar abiertos y criticar lo que se hace bien y lo que se hace mal. Pero también tenemos que señalar que AMLO está muy bien protegido y que aquello que no resulte tendrá de manera clara un responsable y que, repito, no será el Presidente.
Podrá ser el Congreso, pues hará propuestas quenas le “agraden” al ejecutivo. Podrá ser el “pueblo” al tomar decisiones mediante referéndum que estarán más allá de lo que el Ejecutivo “quiera”. Podrán ser los secretarios de estado o los gobernadores o los asesores o los huachicoleos o la mafia del poder o todos juntos, pero jamás el Presidente.
Ni las encuestas (siempre sesgadas), ni los periodistas (siempre subjetivos), sino los resultados (los reales acontecimientos) serán los que determinen el verdadero rumbo de esto que viene.
Esta Jirafa seguirá atenta.


