La historia de la humanidad es la historia de la migración. Si repasamos las teorías del origen de las civilizaciones, en su mayoría se trata de movimientos migratorios que llegaron de otras latitudes a tierras más benévolas para vivir.
Los primeros habitantes de Europa y Asia provenían del continente africano, en donde se desarrollaron los individuos de la especie conocida como Homo Sapiens. Los primeros habitantes de América llegaron de Asia cruzando el Estrecho de Bering y poblaron todo el continente
Tenochtitlán se fundó por los mexicas, quienes por 200 años peregrinaron desde tierras muy al norte de Mesoamérica para asentarse en el Valle de Anáhuac. Nuestra propia ciudad de Monterrey fue fundada por 12 familias de origen español. Podríamos seguir repasando la historia de las civilizaciones y constatar que, en su inmensa mayoría, fueron producto de movimientos migratorios.
¿Por qué se da la migración? Nadie deja su tierra y su patria por gusto; siempre es por necesidad.
El autor e historiador israelí, Yuval Noah Harari, en su libro “21 Lecciones para el Siglo XXI” señala tres escenarios que se debaten con respecto a la migración. Repasarlos nos ayudará a entender un poco más las complicadas aristas de este tema de actualidad.
1) Que el país anfitrión permita la entrada a migrantes, ¿es un deber o una obligación?
Para los pro inmigrantes, todos los seres humanos tenemos obligaciones morales para con los demás seres humanos. Quienes no las observen, o son egoístas o son racistas. Los anti inmigrantes dirán que todo colectivo humano tiene derecho de defenderse de una invasión de un ejército o de inmigrantes, que a la larga pueden ocasionar cambios indeseables en la cultura local.
2) Los inmigrantes aceptados en el país anfitrión, tienen la obligación de integrarse plenamente a la cultura local. Pero ¿qué sucede con los que pasan de una sociedad patriarcal y machista a una liberal que favorece el feminismo y la diversidad sexual? ¿Deben abandonar sus códigos de vestimenta y sus creencias?
Para un pro inmigrante, los países liberales practican valores universales como la tolerancia y la libertad, por lo que deben respetarse las costumbres de los inmigrantes. Los anti inmigrantes dirían que justamente porque los países avanzados son tolerantes y practican la libertad, no se debe permitir el ingreso de personas que son intolerantes a otras culturas y costumbres.
3) Si los inmigrantes hacen un esfuerzo real para integrarse a la cultura local, el país anfitrión está obligado a considerarlos ciudadanos de primera. Pero ¿cuánto tiempo debe pasar para constatarlo y dar por sentado ese compromiso?
Los pro inmigrantes dirán que debe ser pronto. Si la tercera generación de una familia migrante aun no es tratada como ciudadanos, entonces el país anfitrión no está cumpliendo su compromiso. Los anti inmigrantes dirán a un inmigrante, si tu abuelo llegó hace 40 años, pero tú sigues participando en las protestas callejeras porque no se te da trato de nativo, entonces, aunque hayas nacido en ese país, no has superado la prueba.
Como se ve, abordar el tema de la inmigración en el mundo globalizado actual no es nada sencillo. Los países europeos que fundaron la Unión Europea para fusionar culturas diversas, como la griega, la española, la alemana, por citar algunas de ellas, están cerrando sus fronteras a inmigrantes asiáticos y africanos, que cada día llegan en grandes oleadas huyendo de la violencia en sus países de origen o buscando mejores oportunidades de vida en otras culturas. Algunos países europeos ya no tienen la capacidad de brindar condiciones de vida adecuadas y han visto crecer en sus calles la violencia, la mendicidad y otros problemas que crían superados hace años.
Una de las fronteras más grandes del mundo es la que comparten México y Estados Unidos, países vecinos que no han logrado un acuerdo migratorio satisfactorio para ambas partes. La historia de la humanidad tiene mucho que ver con la migración, sólo por ese motivo, los líderes de los países de mundo podrían reunirse para explorar diversas fórmulas para propiciarla, conducirla y vigilarla.


