Pidamos a Dios que nos siga protegiendo contra huracanes y demás fenómenos naturales, no sólo porque un meteoro de regular magnitud nos dañaría por sí solo, sino porque hasta las mismas raterías de nuestros gobiernos se revertirían contra el pueblo indefenso.
Las trampas que han creado con dizque drenajes y demás mugreros, todos ellos trabajos malos o a medias, nos atraparían, nos encerrarían, al colapsar todo ese embrollo, ese amasijo, ese apelmazamiento, simplemente nos dejaría encerrados en unas trampas verdaderamente gigantes, aludes de lodazales nos cubrirían.
Si nos pega “Harvey” no sólo dejaría al descubierto los robos de todos los gobiernos municipales, sino que tales monstruosidades, cual si cobraran vida, se vendrían en nuestra contra, se erigirían, como si fueran monstruos que despertaran y se pusieran de pie, para venirse contra nosotros a devorarnos, para ahogarnos, a tragarnos.
Y es que desde que desapareció la Junta Federal de Mejoras Materiales (1929-1979), que por cierto era la única dependencia que en realidad construía todo el equipamiento urbano, en este caso, tales como drenajes sanitarios y pluviales, así como la red de alcantarillado, canales, arroyos, acequias, distribuidores, lagos, presas y represas, todo lo que se ha “hecho” en Nuevo Laredo, es pura mentira.
Crean que nos daría miedo conocer sus alcances, de escarbarle un poco, de preguntar a quien sabe de eso, nos pondrían a temblar.
Desde entonces, desde hace 38 años que se desapareció la JFMM, la ciudad está para llorar por cuanto a esas obras subterráneas tan necesarias, o sea, que de 1979 a la fecha, todo ha sido robar y simular.
Y lo que dicen que han hecho los últimos trienios y en este bienio, son mentiras o simplemente no alcanza, no como para librarnos de un tremendo problema y peligro.
No descartemos que una lluvia severa, tal y como algunas aguas fuertes y continuas de dos a tres días seguidos sin parar, ya no digamos un ciclón y mucho menos un huracán (como este que amenaza la región), nos dejaría, con serias ganas de linchar a los alcaldes que han pasado y al que está en turno.
DIOS NO LO QUIERA
¿Se ha preguntado estimado lector, qué le pasaría a Nuevo Laredo, a sus habitantes, con 72 horas de aguas persistentes, lluvias inusuales en fuerza y cantidad y que se vengan sin cesar por tres días seguidos?
Adiós dizque Colector Campeche, ni qué decir del Anáhuac, el Madero, los ramales de Chihuahua, Iturbide, ¡todos!
Como dice nuestra raza, a Nuevo Laredo “se lo cargaría el payaso”.
Las viviendas llenas de aguas negras, de excrementos, los drenajes ya de por sí colapsados, tapados, quebrados, esas supuestas tuberías que no van a ningún lado y que por obra y gracia de Dios y Jesús, no nos han brotado como deberían, no nos han inundado como sería lógico, ahora sí que nos pasarían a cobrar factura.
Es cuestión sólo de preguntarles a ingenieros civiles, a los arquitectos, a los constructores, a ingenieros hidráulicos, a los funcionarios que han pasado por los cargos de Obras Públicas, Comapa, Planeación y Servicios Públicos Municipales.
Callan, todos ellos guardan silencio, pero bien que saben que las raterías suyas, de cada uno de ellos en su momento, coludidos con los alcaldes y gobernadores del momento, le han estado abonando a Nuevo Laredo, un serio peligro.
Todos ellos han creado una gran bomba, que sólo es cuestión de tiempo, para que estalle.
Ellos han convertido esa bomba de tiempo, que ojalá (ojalá significa, quiera Dios) nunca se nos venga encima a los grupos de ciudadanos, que se hagan presentes en las colonias más pobladas, de la manera más atroz, de esa que ni nos imaginamos, que ni siquiera queremos pensar, como para no invocarla.
Que un fenómeno como el huracán “Harvey”, ni se le ocurra voltear hacia Nuevo Laredo, eso debemos pedirle hoy, todos en Nuevo Laredo, a Dios.


