Nuevo León ha estrenado gobernador en la persona de un político independiente. Y como tal, ha exigido a sus colaboradores que no pertenezcan a ningún partido de ningún color. “Les vamos a dar vacaciones a todas las siglas partidistas”, ha dicho con énfasis, pero en sus adentros quién sabe si aún vibre su pertenencia de 33 años al PRI, que le dio varios cargos públicos, el último de ellos como Alcalde García, donde están las famosas grutas o cavernas tan visitadas por el turismo nacional e internacional.
Jaime Rodríguez Calderón ha sido irreverente en el lenguaje y en la forma de tratar a su antecesor, Rodrigo Medina de la Cruz, impuesto a fuerza por el PRI hace seis años. Y ese estilo tan “bronco” está motivando a muchos gobernadores actuales a impedir que llegue otro como él al poder y desate el maltrato a cuanta figura hoy se siente intocable.
Egidio Torre Cantú, gobernador de Tamaulipas, teme a esos mandatarios “políticamente incorrectos”, y no duda en poner trabas al independiente que desee sucederlo en el cargo, habida cuenta del comportamiento de Jaime Rodríguez Calderón en la toma de protesta el 5 de octubre en una ceremonia donde el discurso “bronco” del nuevo mandatario nuevoleonés hirió la susceptibilidad de Medina de la Cruz al hacerlo objeto directo de serios señalamientos, en presencia de Miguel Ángel Osorio Chong, representante del Presidente Enrique Peña Nieto.
Tan herido terminó el ex mandatario de Nuevo León, que prefirió acompañar al aeropuerto a Osorio Chong en lugar de regresar a entregar las llaves del despacho a su sucesor, como se acostumbra protocolariamente cada seis años. Y, lo peor, la derrota del PRI en las urnas acabó con la pretensión de Medina de la Cruz de llegar a formar parte del gobierno federal y por eso se fue a rumiar su dolor fuera de Monterrey, donde dejó abandonadas sus propiedades.
Egidio Torre Cantú, entonces, sabe de lo que es capaz un “bronco” y está cabildeando aquí y allá para frenar el paso al que busque salirse con la suya. Y por eso en estos tiempos el gobernador de Tamaulipas está dedicando horas extras a cuanta información le llega sobre las aspiraciones de quienes quieren el “hueso” que lo alimenta a él actualmente. Espera no perder el control de los probables candidatos del PRI y, menos, mucho menos, de los que se puedan lanzar por la libre y traten de convencer a los tamaulipecos que aquí también hay posibilidades de triunfo para un candidato independiente.
Es que el horno no está para bollos, como afirma el dicho popular, pues Jaime Rodríguez Calderón dictó en su asunción una perorata que les queda a muchos políticos de todos los niveles, y ya hay varios que se están poniendo el saco y por eso no quieren más candidatos de ésos que pueden ganar sin el apoyo de un partido.
Con Rodrigo Medina de la Cruz al lado, al que incluyó entre los gobernadores corruptos y bandidos que se han aprovechado de las arcas del Estado de Nuevo León, “El Bronco” sentenció: “Vamos a limpiar la casa y a revisar lo cajones de todos los escritorios. Es el mandato que los ciudadanos nos dieron en las urnas”.
En la misma sesión solemne del Congreso del Estado, Rodríguez Calderón no se anduvo por las ramas: “Desde ahora mismo instruyo a mi equipo a realizar una auditoria exhaustiva en todas las dependencias, que se revise cada papel y cada cajón. Vamos a investigar a fondo, sin afán de venganza, pero con sed de justicia. Si alguien cometió un crimen, que dé la cara al pueblo y le responda a la ley, sea quien sea”.
Hubo aplausos, gritos y muchas risas en los 35 minutos de discurso de “El Bronco”. Pero también hubo preocupación en Rodrigo Medina de la Cruz que, se teme, puede ser un prófugo de la justicia como ha ocurrido en Tamaulipas con Tomás Yarrington y Eugenio Hernández. Por lo pronto el ex mandatario nuevoleonés ya puso tierra de por medio y se fue a vivir fuera de Monterrey, según lo dijo su propia esposa Gretta Salinas de Medina.
Y es que el miedo no anda en burro. Dejó una deuda documentada de cien mil millones de pesos. Además, la peste de la corrupción “sin llenadera” y negocios con los que supuestamente enriqueció a su familia, lo han hecho huir a tiempo, ante los reclamos airados de los ciudadanos y las frases duras del nuevo gobernador que Medina escuchó con el ceño fruncido.
“Hemos encontrado la casa sucia, las columnas derruidas, fugas por todas partes, el techo cayéndose en otras, y, para acabarla de fregar, hipotecada”, soltó Rodríguez Calderón de su ronco pecho, diciendo que produjeron ese colapso muchos “que se creyeron reyes y no gobernantes, que donde había ciudadanos veían súbditos, y donde había dinero público veían botín”.
Pero la amenaza fue tronante: “Se les acabó la fiesta a los bandidos… A partir de ahora se acabaron los moches y las transas, se acabaron los lujos a costillas de la gente”. Finalmente, al llegar al Palacio de Gobierno colocó un letrero en el despacho oficial: “Peligro, no sentarse, esta silla enferma de poder y egolatría”. Y la sacó sin miramientos.
Así es que se justifica que Egidio Torre Cantú esté alerta para no llevarse una sorpresa de éstas al término de su mandato. Y no es temerario suponer que Rodrigo Medina de la Cruz siga los pasos de los prófugos de la justicia Tomás Yarrington y Eugenio Hernández, porque su familia también escrituró propiedades al otro lado del Río Bravo. Ni modo, el que la hace que la pague.

