Narcosatánicos, 30 años después

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Este año se cumplen tres décadas de una de las masacres que más impactaron en la opinión pública el siglo pasado, que tuvo su epicentro en Matamoros, Tamaulipas, y con alcances mundiales: los narcosatánicos.

En el rancho Santa Elena, ubicado a 30 kilómetros de la carretera Matamoros-Reynosa, fueron encontrados los restos de 14 personas sacrificadas por una secta encabezada por un brujo de origen cubano que practicaba una religión afroantillana, a quienes desmembró para sacarles el corazón y la espina dorsal para su rito satánico.

Adolfo de Jesús Constanzo, se supo con las investigaciones, estaba además relacionado con el tráfico de drogas hacia Estados Unidos, pero cometió la torpeza de secuestrar a un joven ciudadano norteamericano de nombre Mark Kilroy que fue levantado cuando se divertía en las calles de Matamoros.

Eran otros tiempos cuando el negocio del tráfico de estupefacientes no llegaba a atemorizar a la población. Y me lo confirmó un amigo cuyo padre fue poderoso lugarteniente de un capo de la época: “Los narcos eran ‘gente decente’ y olían a perfume, no como ahora”.

La búsqueda de la Policía mexicana apoyada por la contraparte de Estados Unidos fue centímetro por centímetro para encontrar a Kilroy, pero con resultados nulos. Hasta que días después los sabuesos llegaron hasta el rancho Santa Elena, alertados por dos miembros de la secta que “soltaron la sopa”.

Fue en mayo de 1989 cuando se descubrió el horror bajo tierra y empezó la cacería contra Constanzo y la llamada sacerdotisa Clara Aldrete, originaria de Matamoros, estudiante en un colegio de Brownsville, Texas; proveniente de buena familia y quien está presa en México purgando una condena.

En estos meses próximos seguramente habrá una cascada de historias en los medios para recordar esa masacre, hechos sobre los cuales se han escrito libros y producido películas.

Eso pasó hace 30 años. Y lo que nunca imaginamos es que los narcotraficantes iban a eliminar a sus contrincantes con prácticas peores que las usadas por Constanzo, como por ejemplo, disolver cuerpos en ácido en tambos de 200 litros.

Todo en la interminable lucha entre cárteles de la droga.

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