Pulgoso salió Greyhound

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Pos ‘ora que jueron las fiestas del happy new year (feliz año nuevo) me jui a Dallas. Y no es albur. Me trepé en esos buses del perro galgo, que salió bien pulgoso la mera verda’. Déjenmen se las barajeyo más despacio. Siéntesen a gusto.

Consiguimos un raid de nuestro güen friend Raymond hasta el meritito Houston.

Ahí iba Rosa María contando sus quarters (pesetas) pa’ cambiar su ropa de invierno, que por cierto se sentía un fríazo de aquellos.

Nos acogió su hijito en su humilde morada como buenos peregrinos, donde dormimos cerca de su pesebre.

Luego al día siguiente nos arrancamos a la tierra de los Cowboys, con la noveda’ de que los móndrigos del galgo ese no nos respetaron la hora de salida, por lo que tuvimos que esperar como buenos mexicans parados y calladitos sin chistar.

-Es que ustedes son de la segunda sección-, nos dijo el encargadillo ese, un negrito Grinch. Aunque el boleto no decilla ni el número de bus, ni de asiento, mucho menos la sección.

En algo deveras, juera de guasa, deberían aprender los texanitos de los buses mexicanos, que te tratan a cuerpo de rey y hasta te regalan una sodita con chips (papitas) y te pasan una güena movie.

Acá rumbo a Dallas nos pasaron una de Eugenio Derbez pero no se veía nadita. Pa’ que presumen las teles si ni pilas tienen.
Pos llegamos a la ciudad del J.R., y no me refiero al de Reynosa sino al de la serie aque’a que dejó bien picados a munchos cuando pasaba en la tele analógica. Y en la central nos sale otro negrote que nos quería correr de la central, quesque nos daba solo 20 minutes pa’ irnos.

Lo que pasa es que se les cuela la raza codinche que no quiere pagar el Wi-Fi y pos se esconden en la cafetería como si jueran turistas. Y en eso la llevamos todos, al fin semos mexicans como algunos, pero no usamos rastras como los negritos.

Conocimos en la noche la city ‘onde mataron a John F. Kennedy, hasta vimos la tacha que ponen en el piso por donde se lo ajusticiaron, desde un edificio cercas, que ahora es museo.

También vimos el estadio de los Mavericks y chorro de edificios con decoración de la época, bien moderrrnos y hasta nos tomamos varias selfies por ahí, siempre listos pa’ correr no seya que nos salga otro negrito sabanero que iba camino a Belén.

Porque eso sí, seremos lo que sea, pero hasta ahorita no vemos en Reynosa a gente retorciéndose de drogos en la central camionera, y allá sí que los hay.

Dallas es una city con todas las comodidades que ya la quisieran otras de los States. Se ve con un crecimiento limpio y ordenado. Allá everything is bigger (todo es grandote), cuenta con munchos malls y servicios de primer mundo, donde lo que se nota es gente de diversas nacionalidades, como una metrópoli.

De regreso a Houston, conocimos Kemah, que está cercas del Space Center de la Nasa, con un aire de fiesta de pueblo all day (todo el día). Puedes darle de comer a las gaviotas y cenar rico pescadito en algún restaurante del lugar.

En Dallas y Houston sorprenden los traslados de las distancias, aquí en Reynosaville la raza se asusta cuando tiene que ir del centro al aeropuerto, pero en las ciudades texanas los recorridos es el “bolillo” de todos los días.

Por cierto que así nombran a los gringos por blanquitos y así también se llama una panadería del lugar que ya la quisieran tener aquí en la frontera, como la extinta El Globo, que se nos jue no sé si por carera o porque la raza le dolía el codo por comprar un croissant relleno de crema.

Qué delicia de pan, se lo recomiendo por si van a Houston.

Ya de regreso a Reynosaville pos ya se imaginarán, que los buses aprovechan pa’ vender a precio de oro los boletos y con la noveda’ de que me la volvieron a hacer. Ya con boleto en mano, no me dejaron entrar, quesque ya estaba lleno el camión del galgo pulgoso ese.

Ni con quien quejarse, hay polis pero sólo revisan que no lleves armas. Y eso pa’ que sí ya está autorizado llevarlas en Texas y luego se quejan de las matanzas en las schools (escuelas).

Me cambiaron el boleto, pero de las 11.15 pm viene saliendo a las 3.15 am, no sin antes hacer escalas polleras, cambiando de bus y maletas tres veces en Corpus Christy, Alice y McAllen.

Es cuando me empregunto si en verda’ los texanos creiban que son más mejores que los mexicans, con tan pésimo servicio y sin siquiera asegurarte tu lugar.

“No hay lugar, si quiere irse parado”, me dijo uno de los choferes con tono de mandón, regañando a los pasajeros que ellos deben de arrempujar sus maletas en el compartimento o que no pueden abrir la puerta “porque si lo hacen los dejo ahí”.
No sé qué apuros habrá pasado el chofi, pero lo que sí es cierto que le hacen falta algo de publics relations (o séase bajarle tres rayillas).

Luego de quejarme con el encargado del boletaje, otro negrito, él lo explicó simplemente con un “It´s Holidays”, justificando su desmoder.

Pos serán las fiestas o el sereno, pero esta fue la historia. Cuídensen de los abusivos. Les deseyo un próspero año nuevo a toda la raza de la border.

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