Rubén Montalvo

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Después de haber realizado su servicio social en el poblado Control, el pasante de medicina Rubén Montalvo aún tenía varias vivencias que experimentar, algunas de ellas muy satisfactorias y otras de un alto contenido dramático en batallas de vida que todos tenemos y que en forma apriorística parecían una derrota obligada, pero el azar, ese instrumento de Dios de cosas que no vemos pero que operan a nuestro favor, se activó contra un “enemigo” nada pequeño, el sobrino de Gustavo Díaz Ordaz.

Antes debo señalar con cierto orgullo y emoción que llegó el momento de presentar el examen profesional en su alma mater, debía escoger un equipo integrado para hacer dicho examen y como un reto de vida del destino le tocó el grupo más competitivo, dirigidos por el doctor Acevedo Olvera, un internista excelente del pabellón 26 en el Hospital General, quien le dijo: “Los que terminan estando conmigo tienen que estar cerca de mí cuando menos seis meses antes de hacer el examen”.

En ese periodo de tiempo el pasante Rubén Montalvo lo acompañó a todas partes, hasta que el 9 de noviembre de 1961 presentó y aprobó su examen profesional y una vez saliendo de dicho requisito académico asimiló que “aparentemente de golpe” se había hecho ya médico y el poder de esta emoción lo invadió como un sentimiento imponderable nunca experimentado, que lo hacía precipitarse a su vida rutinaria sin mesura, al grado que en la avenida Ejército Nacional lo detuvo un tránsito por exceso de velocidad y le dijo: “Joven, va usted muy
recio, me permite su licencia y los papeles del carro”.

La sonrisa de satisfacción del flamante doctor era muy evidente, quien estaba en un momentum catatónico y se limitó a decirle al oficial: “Mire, haga lo que quiera, yo acabo de presentar mi examen profesional y ya soy médico”, la respuesta del oficial fueron tres palabras con aire de felicidad compartida con el desconocido: “Váyase y felicidades”.

Otra grata anécdota le sucedió con el doctor Federico Gómez Santos, fundador de la escuela pediátrica mexicana, una personalidad excelente, hijo predilecto de Zaragoza, Coahuila, quien dio el discurso principal el 30 de abril de 1943 en la inauguración del Hospital Infantil de la Ciudad de México y también estableció las tres funciones esenciales de dicho hospital: enseñanza pediátrica, investigación científica y asistencia médica. Fue también su director. Es importante mencionar que este hospital era el centro de perfeccionamiento de los médicos que se dedicaban a las enfermedades de los niños.

Pues este prestigiado doctor un día llamó al galeno Rubén Montalvo y le dijo con cierto toque de ceremonia: “Doctor lo mandé llamar porque le quiero hacer una propuesta, voy a dejar la dirección del Hospital Infantil porque me acaban de nombrar director del Hospital del Centro Médico Nacional del IMSS y me voy a llevar a lo mejor de este hospital para que sean los jefes de los diferentes servicios; vi su currículum y lo estoy invitando para que se venga con nosotros de residente”; quien proponía hizo una breve pausa en su diálogo para después dar un amistoso ultimátum: “Le doy una semana para que lo piense, venga y me diga si acepta o no. Es una aventura, yo no sé qué va a pasar, pero lo estoy invitando a esta aventura”.

El doctor Rubén Montalvo experimentó la grata sensación de sentirse parte del equipo del doctor Federico Gómez, su corazón palpitaba con orgullo, estaba exaltado en su admiración por quien le proponía unirse a su grupo de residentes y en una manifestación expansiva de euforia académica y clínica no lo pensó dos veces y le dijo: “Por supuesto que me voy con usted”.

Hasta aquí todo había sido miel sobre hojuelas en su desempeño académico y clínico. Le esperaba en el horizonte una prueba que le daría temple para toda su vida. Cuando salió de pediatría Montalvo quería hacer cirugía pediátrica, pero un sobrino del presidente Gustavo Diaz Ordaz era su competencia, también la quería, y la prioridad se la llevó el pariente del presidente de la República. Esta situación la aceptó estoicamente el doctor Montalvo.

Por esta razón se fue a ciudad Mante dos años para aumentar su currículum. Hasta el sur de Tamaulipas fue a buscarlo un amigo que había sido nombrado jefe de un hospital de urgencias pediátricas en la capital del país, que lo quería de jefe de infectología, y a quien Montalvo le dijo: “Sí me voy, pero sabe que quiero presentar el examen para hacer cirugía pediátrica”. Su amigo le respondió: “Si lo logras te apoyo”

Con este tesón por obtener la especialidad en cirugía pediátrica no sabía el doctor Montalvo que volvería a enfrentarse con el sobrino del presidente Díaz Ordaz. David contra Goliat.

El tiempo hablará.

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