En mi infancia no hubo diferencia notoria, era igual: yo era solo una niña. Después sí, la menstruación me recordaba cada mes que yo era una mujer; los cólicos y otros inconvenientes. El embarazo después, la maternidad y luego más tarde la menopausia; con todos sus cambios internos hormonales traducidos en estados de ánimo y otros malestares. Soy mujer…y con todo y eso, había que ir a la escuela, trabajar, seguir adelante, con el alma entera o rota, con el espíritu fuerte o en garras,con el ánimo en alto o por los suelos…no importa como, siempre habrá pan y leche en la mesa.. Muchas veces me pregunté por qué Dios o la naturaleza nos había encomendado a las mujeres tan arduas tareas bajo tan incómodas circunstancias.
Pero si de darse cuenta de qué se trata vivir, la perspectiva femenina es mucho más clara. Las etapas de la vida femenina son ineludibles e imposibles de ignorar.
Ser mujer nos hace seres humanos muy peculiares. Nuestro cuerpo nos habla, nuestra maternidad nos conecta con seres que aun no han nacido, el dolor nos es familiar y bien conocido, pero también la inmensa alegría, una forma de felicidad que creo que los hombres no llegan a conocer porque en su naturaleza masculina no está el poder sentirlo desde las entrañas. Eso nos cambia para siempre, nos da un sentido profundo e inexplicable de ocuparnos y preocuparnos por otros…no por elección, sino más bien por instinto. Es una conexión extraña con la vida, como un compromiso, un pacto, un hecho.
Ser mujer es tener un cerebro que funciona de una forma especial, multifuncional: pensamos diferente, sentimos diferente, creamos e implementamos de forma diferente. Las mujeres hacemos nido, echamos raíces, damos fruto…arropamos, cubrimos, protegemos, sanamos, somos brujas, hadas, magas, santas, demonios, heroínas, mártires,…somos ancla y motor, somos alas y jaula, belleza y horror, motivo y olvido. Las mujeres somos culpa y redención, es caliz y es cruz.
Madres, esposas, amantes, hermanas, hijas, abuelas, tías, primas, amigas las mujeres somos voz, somos la idea, el concepto, el tema, la razón, el capricho…somos el hogar, el consuelo, el lugar a donde llegar, el abrazo, la trinchera segura. Las mujeres somos madres aun sin haber engendrado hijos “propios”…somos madres de cualquier vida de la que se nos confiera su cuidado: un ser humano, un animal, una planta…
Ahí donde está la mujer que es significativa, tu madre, tu hermana, tu esposa, tu amante, tu hija, en cualquiera de sus múltiples formas, ahí está tu paz, ahí está tu motivo y tu razón para vivir.
Ser una mujer, sola o acompañada, es ser fuente de vida, de luz, de entendimiento de la vida y sus milagros. La mujer es holística por nacimiento, es magia, es milagro, es grial.
No es poca la tarea que la vida nos ha conferido a las mujeres…ser la luna, las estrellas, la marea, el puerto seguro, la morada cálida, la caricia anhelada, el plato de sopa caliente, la respuesta alentadora, la frase que consuela, el silencio que acompaña, el vehículo de la vida, la guerrera que lucha, la mano que sana…el vínculo de los hombres con Dios.
Soy mujer y tengo una misión…ser mujer, es ser un instrumento de Dios.
Feliz día internacional de la mujer.


