Los candidatos de distintos partidos políticos, MORENA, PRI y PAN, coincidentemente el pasado fin de semana asistieron a hacer campaña en una región gobernada por la llamada Columna armada, un grupo que en la elección del 2016 controló el resultado de la elección a los cargos que estaban en juego haciendo ganar a sus candidatos a las alcaldías y diputaciones locales.
Y advirtieron de manera pública que no permitirían el ingreso de otros candidatos a hacer proselitismo entre los habitantes de esa región que en ese entonces estaba conformada por tres, luego cinco municipios y que actualmente ocupa siete demarcaciones municipales.
Este año el mismo grupo hizo saber que aplicará el mismo principio, pero con alguna variante, porque ahora sí está permitiendo que los aspirantes de distintas facciones políticas puedan entrar a hacer campaña.
Esa “democracia” dirigida, ¿a quién irá a beneficiar el primero de julio?
Las fotografías muestran al doctor Américo Villarreal de MORENA en algunos municipios controlados por este grupo, también a Alejandra Cárdenas y Yahleel Abdala del PRI, y antes de ellos a Mario Ramos de la alianza PAN-PRD-Movimiento ciudadano.
En Tamaulipas este es el caso más significativo de territorios ocupados por grupos que no tienen representación legal, pero que poseen poder de facto, donde las instituciones y los ciudadanos tienen que pedir permiso para entrar.
Este factor definirá el resultado de la elección, al controlar el territorio se controla a los votantes y su “preferencia” electoral.
El avance de las acciones de esta organización comenzó en la administración del priista Egidio Torres que no pudo con la problemática que envuelve a Tamaulipas y durante el gobierno actual las cosas van a peor, el territorio controlado crece.
La expresión democrática que los ciudadanos reclaman en todo proceso electoral se ve lesionada de manera seria y el efecto va más allá, porque esas personas favorecidas por este grupo enviándoles votantes tendrá influencia en el ejercicio de su actividad política.
Los territorios ocupados, como sucede en Michoacán, ahora en Tamaulipas, nos hablan de las deficiencias de un sistema de gobierno y sus instituciones que dejan espacios vacíos ocupándolos otro el poder y sin duda, ese poder no viene de los ciudadanos, es impuesto por un grupo con sus propios intereses.
Es un poder fáctico, donde debería haber un poder institucional.
CAMBIAR EL DISCURSO
A Andrés Manuel López Obrador le ocurre como en su tiempo le pasó a Vicente Fox, donde su vocero tenía que salir a decir “lo que el presidente quiso decir…”
Al candidato de MORENA le está pasando durante la campaña, y cada dos por tres tienen que salir a aclarar, él mismo, o alguien de su equipo de trabajo, lo que dijo, como por ejemplo lo de la amnistía a delincuentes, donde salió Olga Sánchez Cordero, quien ocupará la Secretaría de Gobernación en caso de que gane, a explicar en qué consistiría esto, entre otras cosas que tendrá que pasar por una reforma legislativa.
Luego el tema de los ataques a los empresarios a quienes calificó de rapaces y que han participado en el espolio del país (aunque mucho hay de cierto). Pues a éstos también ya les enmendó el discurso y le bajó de virulencia, todo con tal de llegar a la presidencia y no incomodarlos.
Esos cambios de discurso muestran que durante la campaña se prometen la luna y las estrellas, pero no es lo mismo que gobernar.
Lo cual obliga a pensar qué irá a hacer AMLO una vez que llegue a la silla presidencial, si es que gana, esos cambios discursivos son alertas que hay que tomar en cuenta.
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