Surinam, rizoma del fútbol neerlandés

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Monterrey, N.L.-
La selección de Surinam es un equipo que históricamente ha tenido lazos con el fútbol por su relación colonial con Países Bajos, de quienes se independizaron en 1975. De hecho, el nombre oficial desde 1621 hasta lsua liberación fue Guayana Neerlandesa, ese territorio parte de América del Sur que colinda con Venezuela y que es el único en todo el continente que tiene como idioma oficial al neerlandés.

A pesar de que Surinam, o en ese entonces Guayana Neerlandesa, no se haya convertido en una potencia del balompié sus nexos con este deporte son indudables; sobre todo si tomamos en cuenta que Inglaterra luchó por muchos años con Países Bajos por el control de dicha colonia durante el Siglo 17 y 19, por lo que cualquiera de los dos contendientes habría contagiado el fútbol a Surinam.

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LAS MIGRACIONES HACIA PAÍSES BAJOS

Tras cinco años de su independencia, Surinam viviría uno de los peores episodios políticos de su entonces verde y prematura historia, un trauma que también condicionaría la revolución del “Fútbol Total” que impuso Holanda en la década del 70 con Rinus Michel.

Resulta que, en 1980, la recién creada República de Surinam pasaría a convertirse en una dictadura gracias al golpe de estado liderado por Desi Bouterse, quien gobernaría hasta 1988 y por consecuencia ahuyentaría a muchos surinameses por su persecución política a sus opositores.

La caza crearía condiciones necesarias, pero no idóneas de migración, y comenzaría el gran éxodo de Surinam en los ochentas, especialmente a Países Bajos, un lugar con cierto arraigo histórico.

Según la Corte Interamericana de Derechos Humanos, las dos grandes olas de migración surinamés se dieron a mediados y finales de la década de los 80 con una salida aproximada de 200 mil nacionales que viraron hacia la “tierra baja”.

LA “PRIMERA” Y TRÁGICA SELECCIÓN

Durante esa época la Ámsterdam ochentera se caracterizaba por un crecimiento en la presencia de drogas y protestas laborales en la zona pobre de la ciudad, en donde a su vez residen esos mismos migrantes que venían en búsqueda de una mejor calidad de vida.

Sin embargo, tanto en las calles como en el fútbol profesional se veía un claro problema de intolerancia social, pues originarios blancos neerlandeses discriminaban racialmente a estos nuevos pobladores y por ende a sus descendientes, algunos ya nacidos en el país europeo.

En los estadios, jugadores como Rudd Gullit y Frank Rijkaard tienen que soportar injurias, pero a su vez inspiran a la próxima generación de futbolistas de color para seguir intentando en el deporte de los pies.

Ahí es cuando entra Sonny Hasnoe, un trabajador social de Ámsterdam con el deseo de ayudar a la infancia de los barrios pobres a través del fútbol e idea el Once Colorido, una selección de jugadores profesionales de origen surinamés que jugará varios partidos amistoso para luchar contra el racismo.

El principal atractivo de esta gira era regresar a sus raíces, Surinam; y aunque estrellas como Gullit, Rijkaard, o el portero del Ajax Stanley Menzo estaban ilusionados por formar parte del selectivo, la Federación Neerlandesa (KNV) no dio el permiso.

A pesar de ello, Menzo, viajó por su cuenta a Paramaribo, mientras que el vuelo 764 de Surinam Airways transportaría a otros 18 futbolistas de perfil más bajo, pero que igualmente pertenecían al Ajax, Twente, Heracles Almelo, NAC Breda o el Willem II.
El viaje ya predecía una tragedia, con reportes meteorológicos adversos minutos antes del aterrizaje y un piloto de 66 años, 187 personas emprendieron el traslado entre neblinas.

Era densa y tupía la visibilidad, el piloto puso en marcha el ILS, un sistema de aterrizaje para maniobrar con mal tiempo, pero con información errónea una alarma de altitud saltó y en un instante ambas alas del avión chocaron con dos árboles para posteriormente impactarse con el suelo.

Murieron 178 personas, de esos nueve sobrevivientes, tres eran parte del equipo: Sigi Lens del Fortuna Sittard, que nunca pudo volver a jugar al fútbol; Edu Nandlal del Vitesse que consiguió volver a caminar, pero con una cojera irreversible; y por último, Radjin de Haan que jugaba en el Telstar y que es el único que pudo volver a jugar al fútbol, pero con secuelas de una fractura vertebral.

Ese mismo año, se daría un homenaje deslucido entre Holanda y el Once Colorido del que ahora sí formaron parte las estrellas Gullit y Rijkaard, así como Edgard Davis y que permitieron llevarse la victoria por 2-1 en un escenario lúgubre en donde asistieron apenas 8 mil personas en un país donde todavía predominaba el racismo y la desigualdad salarial entre futbolistas negros y blancos.

ACTUALIDAD

En la actualidad la KNV y la FIFA han reportado que en Eredivise existen alrededor de 150 surinameses o con raíces de este país. Y aunque por parte de Países Bajos, puedan contar con la doble nacionalidad, en el caso del país sudamericano, no.

Esto se debe a que existe una ley que prohíbe vestir los colores del combinado nacional a todo aquel deportista que se haya hecho un pasaporte neerlandés y fue establecida cuando Surinam se volvió independiente, por lo que no contempla la doble nacionalidad. Una medida con tintes históricos coloniales, pero sobre política en términos electorales, ya que se sumarían más votantes desde Países Bajos.

Algunos jugadores modernos que cuentan con este origen son los campeones europeos, Virgil Van Dijk y Georgino Wijnaldum; Denzel Dumfries del Inter de Milán y Steven Bergwijn del Ajax; inclusive un estadounidense, Sergino Dest que salió de la cantera de Ámsterdam.

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