Reynosa, Tamps.-
La señora Leticia no había llorado desde el pasado miércoles por la noche cuando, después de dos intentos, uno en la Procuraduría General de la República y otro en el Servicio Médico Forense, tuvo que identificar el cuerpo de su esposo, Eugenio Calles Constantino.
Esta mañana fue distinta. Leticia ya no tenía a su lado a “mi Eugenio”, como le decía de cariño.
Al recuperar el cadáver de su marido, ella sintió por momentos algo de tranquilidad, porque ya seguía padeciendo la incertidumbre que otras familias de Reynosa están viviendo.
Sin embargo, también la invadió el dolor, pues desde ayer por la tarde los restos de Eugenio yacían en un frío ataúd color crema.
En punto de las 10:00 horas partió el cortejo fúnebre desde la funeraria Valle de la Paz, en el bulevar Morelos hasta el panteón del Sagrado Corazón de Jesús.
La gran caravana recorrió la ciudad encabezada por la carroza que trasportaba los restos mortales de Eugenio, seguida de una camioneta de la compañía Apollo, para la que laboró apenas 15 días como ayudante de pintor.
Al arribar al panteón, alrededor de las 10:30 horas de este soleado viernes, Leticia no derramó una sola lágrima: al contrario, estaba preocupada por organizar a la familia y amigos que los acompañan en la despedida de su esposo.
Apresurada le pedía al pastor que fuera al final del sepelio cuando pronunciara una plegaria. Al siguiente instante pedía a los camposanteros que colocaran el ataúd que contenía el cuerpo de su marido en la tumba.
Mientras tanto, su hija Bianca Yesenia con 7 meses de embarazo, trataba de hacerse fuerte abrazando el retrato de su padre, sin embargo, el dolor de perderlo la hacía no controlar el llanto.
Asimismo Yuriana Leticia, de 23 años y Jennifer de 8 años de edad, se abrazaban para darse consuelo, ya que no pueden podían creer que perdieron a su padre de 51 años de edad.
Las personas que los acompañaron se reunieron alrededor del sepulcro, mientras lloraban desconsoladamente.
En el instante que arrojaron la tierra sobre el féretro, su hijo Víctor de 21 años, entre lágrimas e invadido por la tristeza se hizo fuerte y tomó una pala con comienza a lanzar la tierra, hacia la que será la última morada de su progenitor.
Leticia ya no resistía más y lloró con profunda angustia, que por momentos parecía desvanecerse del dolor.
Entonces sus familiares se acercaron a ella para abrazarla, para darle algo de consuelo, aunque saben que nada remediará la pedida de su Eugenio, con quien compartió toda la vida.

