Benedicto XVI resana fisuras con América Latina

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Cd. del Vaticano. / Noviembre 19.-
Con sus anunciados viajes a México y Cuba, que podrían tener lugar en la primavera de 2012, “siempre que no suceda algo extraordinario”, como dicen muchos vaticanistas, Benedicto XVI parece decidido a intensificar no sólo la relación de la Santa Sede con América Latina, sino, sobre todo, a modificar la no siempre positiva imagen que católicos y laicos parecen haberse construido de él y de su pontificado.

El anuncio de que el Vaticano está “oficialmente estudiando estas visitas” es asimismo el corolario de las repetidas invitaciones hechas al Papa por miembros de las conferencias episcopales, en sus visitas pastorales, y por los diversos mandatarios latinoamericanos que lo han encontrado.

“El Santo Padre agradece estas muestras de afecto y amor hacia su persona, pero debido a su avanzada edad no es posible aceptar estas invitaciones”, fue la sistemática respuesta de la Santa Sede hasta antes del anuncio de los viajes a México y Cuba.

Antes y después del viaje pontificio a Brasil (mayo de 2007) —donde el Papa asistió a la quinta Asamblea General del Episcopado Latinoamericano— el portavoz vaticano, padre Federico Lombardi, anunció que este sería “el único viaje del Santo Padre a América Latina”: su edad, así como lo fatigoso de este tipo de viajes, fueron sus argumentos. Otro de los motivos, del cual el Vaticano nunca habla, son los problemas cardiacos de Benedicto XVI: la súbita cancelación de la visita a la Ciudad de México, cuya altitud no ayuda a estos males, es la prueba de su existencia.

A pesar de esta sólida argumentación, muchos medios de información y gran parte de los católicos de la región —que siguen añorando la cercanía y el afecto que Juan Pablo II tuvo hacia los países y los fieles latinoamericanos— interpretaron la noticia como un cambio radical de la política de la Santa Sede hacia América Latina. Y quizá no se equivocaron.

En más de una ocasión, el mismo Benedicto XVI ha hecho saber que la prioridad de su Pontificado era la nueva evangelización de Europa y África: el irrefrenable secularismo del viejo continente y la fuerte penetración del islamismo en la llamada África negra son su gran preocupación.

No es prioridad

América Latina, la región con más católicos en el mundo y el indiscutible pilar de la Iglesia de Roma, pasó así, subrepticiamente, a un segundo plano, cosa que se notó el día mismo en que el Papa Ratzinger se presentó ante la prensa mundial.

En el aula Pablo VI, poco después de su elección, habló en varias lenguas, pero no en español, al dirigirse a los presentes. Los periodistas hispano-hablantes reportamos esta omisión, señalando que si el Papa no conocía nuestra lengua bien hubiera podido leer al menos dos frases en castellano.

La noticia debió llegar a sus oídos, ya que días más tarde, sorpresa, hizo un largo discurso en español.

A este primer desencuentro con América Latina (y España), se unió otro aún más clamoroso. En su discurso en la Aparecida de Brasil (mayo 2007), Benedicto XVI afirmó que la evangelización de América “no supuso una alienación de las culturas precolombinas, ni fue una imposición”.

Católicos y laicos le recordaron que al decir eso, anuló el perdón que pidió Juan Pablo II en 1992 “por los errores cometidos en la evangelización del continente americano”, y la historia misma de la región. La Confederación de pueblos kichwa de Ecuador fue aún más clara: “Si España y el Vaticano no pueden resarcirnos por el monstruoso genocidio, el Papa debería al menos reconocer el error cometido”, mientas que el presidente venezolano Hugo Chávez le pidió “ofrecer disculpas a nuestros pueblos”.

A su regreso a Roma, el Papa rectificó parcialmente sus palabras:

“No se pueden ignorar las sombras de la evangelización en Latinoamérica, ni los sufrimientos y las injusticias infligidas a sus poblaciones (…)”; sin embargo, esos injustificables crímenes no impiden “reconocer la maravillosa obra realizada entre aquellas poblaciones”, aclaró.

Con el estallido del caso del fundador de los Legionarios de Cristo, la distancia entre Benedicto XVI, México y toda América Latina se ensanchó aún más: buena parte de la región, de hecho, sigue sosteniendo que el otrora titular del ex Santo Oficio encubrió al tristemente famoso padre Marcial Maciel.

En defensa del Vaticano, el director de la Sala de Prensa vaticana aseveró que “fue el servicio del cardenal Ratzinger, a la cabeza de la Congregación de la Doctrina de la Fe, lo que hizo avanzar el proceso contra el fundador de los Legionarios de Cristo. Hasta llegar a establecer con certeza su culpa”.

Las declaraciones de Lombardi y la sanción impuesta por el Papa —debido a la edad y estado de salud de Maciel, que poco después murió, lo retiró de toda actividad eclesiástica pública— no disiparon las dudas sobre el presunto comportamiento de Benedicto XVI en el caso.

¿Cuánto pesará todo esto en las posibles visitas del Papa a México y Cuba? No se sabe. Pero en el ambiente se respira que con su visita México, el país con el mayor número de católicos de habla hispana, el Papa intentará resanar las fisuras abiertas por su pontificado en una región, como América Latina, donde la violencia, las desigualdades y la corrupción parecen desmentir la fe católica que dice profesar la mayoría.

(19/nov/2011)

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