En torno a Gustavo Díaz Ordaz hay un acto de desmemoria

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México, D.F. / Julio 20.-
Fabrizio Mejía Madrid no duda ni tantito que aunque su novela “Díaz Ordaz. Disparos en la oscuridad” es la crónica de vida del presidente mexicano que autorizó la matanza de estudiantes en la Plaza de las Tres Culturas, bien podría ser la novela de otros presidentes de México.
“Podría ser la de Calderón o de Ruíz Cortines que también hizo barbaridad y media. Pero como dicen, la historia se hace cuando se junta la desmemoria con la incapacidad de documentar”, señala en entrevista el narrador y cronista mexicano.
Su nuevo libro, definido por Juan Villoro como “una cuidadosa crónica de la impunidad de la política mexicana”, recrea la vida y l acciones de Gustavo Díaz Ordaz, pero no deja de ser una historia que podría ser protagonizada por otros presidentes de México, como Victoriano Huerta, Carlos Salinas de Gortari, Adolfo Ruíz Cortines y hasta Felipe Calderón.
“Esta novela nos permite darnos cuenta que se nos olvida qué hicieron nuestros gobernantes, nos inventamos historias; ellos creen que se les va a recordar por otra cosa, Salinas creyó que se le iba a recordar por el Tratado de Libre Comercio, pero se le recuerda por Colosio y los zapatistas y Calderón lo tiene más que claro, se le va a recordar como el presidente de los 40 mil muertos, eso no se lo quita nadie”, asegura Mejía Madrid.
Este nuevo libro de Fabrizio Mejía Madrid que ha publicado “Suma de letras”, recrea el “deleznable mundo político mexicano”, en palabras de Elena Poniatowska, es una mezcla de ficción y crónica, un trabajo sobre el antes y el después del 68 en la historia de México y sobre un presidente.
“Díaz Ordaz quiso pasar como el salvador de México, del México desarrollista de finales de los 60 cuando ya estaban administrando la decadencia del modelo priísta; él quería pasar por el presidente de la salud, hizo muchos hospitales y carreteras, hay municipios y calles con su nombre en Monterrey, en Puerto Vallarta y en otros lugares del norte, sin embargo será recordado por la matanza de Tlatelolco”, asegura el cronista.
Antes y después de 1968
Para Fabrizio Mjía Madrid el 2 de octubre es un caso excepcional en la historia de México; por eso esta novela, que hace una crónica de vida desde 1911 a 1979, demuestra que las matanzas de obreros, campesinos y estudiantes fueron una constante de cómo lidiar con la oposición.
Además, esto es parte de la cultura de un país pues priva la idea de que la oposición está mejor si está muerta y hay que eliminarla a toda costa, incluso la verbal, en esos tiempo y todavía hoy, se ofendían con las pintas y Mejía Madrid recuerda que hubo un estudiante de contaduría que lo mataron pintando una barda.
El cronista y narrador asegura que el 2 de octubre no es una matanza única en la historia de México, aunque sí es el caso más sonado porque es un caso ejemplificador de hasta dónde pueden llegar contra una población desarmada, en la capital del país y contra los universitarios que son la gente que estás preparando para que te suceda en el poder.
“Por eso es tan aberrante, pero no olvidemos que la vida de Díaz Ordaz fue una matanza, fueron disparos en la oscuridad”, señala el narrador y asegura que la oscuridad era una táctica que se usaba para reprimir movimientos, todo se hacía de noche. Así se hizo también la matanza de Atencingo en Puebla, la toma de Ciudad Universitaria y el 2 de octubre que empezó a 6:10 de la tarde.
Lo más lamentable para el cronista es que la sociedad mexicana no exigió una verdadera Comisión de la verdad. “En todos los países de América Latina, tras las dictaduras, las matanzas y los desaparecidos, tuvieron comisiones de la verdad, pero en México se formó una comisión que estaba muy acotada y Echeverría se burló de la justicia de una manera brutal; no se hizo un acto de catarsis nacional ni de memoria de esos sucesos”.
Se han cerrado los ojos
En un momento del libro, cuando el ex presidente da una conferencia en la Secretaría de Relaciones Exteriores en 1977 para anunciar que es el nuevo embajador de México en España, tras la muerte de Francisco Franco, Gustavo Díaz Ordaz pide que bajen las persianas para no ver la Plaza de las Tres Culturas.
Para Mejía Madrid ese acto de bajar las cortinas también lo han hecho los mexicanos ante otros problemas y ante la justicia. “Claro que le hemos bajado la cortina a muchos asuntos, la gente cree que con la militarización de las calles en Monterrey, en Juárez y en Reynosa se va a solucionar algo; le hemos bajado la persiana a la justicia, pues esa ida de que la justicia y la ley no la hemos resuelto”.
El cronista va más allá y asegura que los mexicanos le hemos bajado la cortina a los pobres, a los indígenas y en muchas partes se le ha bajado la cortina a la diversidad sexual.
Con su crónica novelada o novela cronicada o biografía novelada o no ficción, Fabrizio Mejía Madrid cierra un tema que le obsesionaba: Gustavo Díaz Ordaz; pero quedan aún muchos temas relacionados con los años 60, que dice “es nuestra Grecia”; pero hay otros temas que le intrigan de esa época, como los hippies mexicanos, llamados por Carlos Monsivías los hipitecas. “Esa es una historia que no está contada, la de los hippies y las comunas que hubo en México”.
El año próximo, Fabrizio Mejía Madrid publicará, en Alfaguara, una novela titulada Vida digital que dará cuenta de toda la vida de los seres humanos en la red. “En la red todos somos mejores, somos sexis, guapos, tenemos dos y tres mil amigos”, adelanta el escritor que dejó Facebook y sólo mantiene vivo su Twitter.

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