Chihuahua, Chih. / Agosto 12.-
A Lupita la Revolución nunca le hizo justicia; a sus 95 años la última hija del general Francisco Villa apenas logra sobrevivir con una ínfima pensión de 900 pesos al mes, única prestación que el gobierno le otorga a la descendiente del que fuera el más importante revolucionario del norte de México.
A tres meses de que celebre el centenario de la lucha armada de 1910, Guadalupe Villa, cuyo verdadero apellido es el de su madre: Romero, no entiende la indolencia que por décadas han mantenido las autoridades frente a los hombres que dieron su vida en los campos de batalla, ni el desamparo en el que quedaron los hijos de éstos, los llamados huérfanos de la Revolución.
Tras toda una vida dedicada a luchar por que se reconozca a los sobrevivientes de la División del Norte, Lupita ya perdió la vista de su ojo derecho la cual podría recuperar con una sencilla operación.
“Me cobran dos mil pesos por operarme, pero si los pagó no como en dos meses”, dice resignada.
Su hija, Julia Esther, con la que vive en una humilde vivienda de ciudad Delicias, reveló que en el Hospital Regional de aquella comunidad, una institución pública, le otorgan servicio médico. “La atienden pero no por ser hija del general, la tienen dada de alta en calidad de indigente, la curan sólo por caridad. Es un insulto que para las autoridades mi madre sea sólo eso: una indigente”.
A la fecha doña Guadalupe y un medio hermano, que vive en Torreón, son los únicos hijos de Doroteo Arango, nombre real del revolucionario, que siguen vivos. Medios de comunicación de Estados Unidos dieron la noticia el 31 de diciembre de 2009 del fallecimiento de Ernesto Nava Villa en Castro Valley, California, quien fue también su vástago, pero no el último como afirmó la prensa de aquel país.
Lupita con envidiable lucidez aún recuerda aquella mañana del 20 de julio de 1923 cuando Villa fue asesinado en las calles de Parral. Como si fuera ayer relata el momento en que llegó corriendo hasta el carro en el que viajaba El Centauro, y lo primero que encontró fue a su madre bañada en sangre, sosteniendo en sus brazos el cuerpo sin vida del caudillo.
Huérfana de padre a los siete años, y de madre un año después, fue “adoptada” por doña Luz Corral, la única de las 23 esposas de Villa con la que se casó por la Iglesia.
A hija de Pancho Villa la Revolución no le hizo justicia


