‘Marihuana, la droga que repunta’

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México, D.F.-
Ricardo Sánchez Huesca, psicólogo e investigador de los Centros de Integración Juvenil (CIJ), explicó que en promedio una familia tarda ocho años en darse cuenta de la adicción de sus hijos, por lo que el daño para ellos es irreparable.

“Frente al familiar, no aceptan el consumo de drogas, y cuando se van (los pacientes) nos dicen todo el repertorio de consumo, que no era una, ni dos, sino diversas sustancias”, detalló.

Debido a que los jóvenes dependientes de las drogas son difíciles de tratar o presentan intolerancia a la frustración, reciben consultas ambulatorias en dos modalidades: externas (van a terapia y se retiran) y permanentes (hospitalizados).

Los hombres entre ocho y 17 años 11 meses, en situación de calle o arraigo callejero, que son consumidores de más de dos sustancias ilícitas de cualquier tipo y con alta probabilidad de recaer en el consumo de drogas, son albergados en los centros de internamiento.

El consumo de marihuana entre adolescentes ha sido variable pero se ha mantenido en promedio como la principal droga por la cual ingresan los jóvenes a estos centros, con un promedio de dos a tres mil personas por año.

Sánchez Huesca afirmó que el consumo de marihuana era ubicado en tercer lugar hace dos años, pero a la fecha es la droga de preferencia entre adolescentes.

En entrevista con EL UNIVERSAL, el experto dijo que estos consumidores tienen 9% de posibilidad de convertirse en adictos.

Por 45 años, los CIJ han operado en la República Mexicana con servicios de rehabilitación, investigación, prevención y formación de recursos humanos especializados en el consumo de drogas.

Los menores y adolescentes que ingieren alcohol, tabaco, marihuana, cocaína, inhalables, estimulantes, alucinógenos, depresores, opiáceos y otras drogas han aumentado de 18 mil 636 a 33 mil 715, de acuerdo con el CIJ.

Sánchez Huesca dijo que de manera ambulatoria en tan sólo un año los centros atienden en promedio a más de ocho millones de personas.

Los 115 centros que hay en el país no tienen recursos suficientes para atender adicciones, pues las familias de los adolescentes pagan por un proceso de rehabilitación que va de 30 pesos si la consulta es externa a dos mil pesos mensuales si el menor necesita hospitalización, medicinas, desayuno, comida, cena y actividades recreativas.

Sánchez Huesca explicó que es necesario cobrar, pues lo que no cuesta, no se valora.

“Es una cuota de recuperación asignada por una trabajadora social después de haber hecho un estudio socioeconómico, nunca es algo que no se pueda pagar”, dice.

El mayor índice de éxito es que la familia se involucre, cuenta el psicólogo. “Algo que nos ha preocupado es el aumento que ha tenido el consumo de marihuana. Hacemos todo lo que podemos con el recurso que nos da el gobierno. Tenemos una aportación en especie, sobre todo de mano de obra de la sociedad civil”, reconoce.

“El granito de arena que podemos apoyar para que disminuya este problema de salud pública es que todos podemos hacer algo. Necesitamos cabezas, manos y corazones de gente que realmente quiera ayudar con nosotros”, concluye el psicólogo e investigador de los CIJ.

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